5 abril, 2025

Primeros apuntes sobre Cristina 2011-2015

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José Ignacio de Mendiguren y Héctor Horacio Magnetto aparecen como los 2 extremos empresarios ante Cristina Fernández y su Frente para la Victoria.
Sin embargo, Magnetto y Mendiguren fueron compañeros de travesía en la ofensiva contra la Convertibilidad y también a favor de la pesificación asimétrica, que licuó los pasivos en moneda extranjera.
Entre 2003 y 2007, Magnetto y Mendiguren fueron simpatizantes de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Pero Magnetto y Grupo Clarín tenían un perfil mucho más alto que Mendiguren, quien intentaba dejar atrás su duhaldismo y recuperar posiciones en la Unión Industrial Argentina, su base de negocios desde que vendió su empresa textil gracias al escenario menemista y logró consolidarse como millonario rentista.
Luego, Magnetto se fue enfrentó progresivamente a Néstor y Cristina, por una cuestión de intereses probablemente derivados, en un comienzo, de la disputa por el control de Telecom Argentino (que perdieron todos), mientras Mendiguren incrementaba su cercanía con el Frente para la Victoria.
Frente al período 2011-2015, Mendiguren luce en la pole position del Cristinismo, y Magnetto en la 1ra. fila de los enemigos del Cristinismo.
En cuanto al diario La Nación, siempre cercano a Grupo Clarín, intenta moderar su crítica pero no es sencillo cuando en su euforia, el Frente para la Victoria no admite sino genuflexión estilo Mendiguren.
Por la participación de Clarín y La Nación en el debate, aparece el periodismo, que siempre es subjetivo (y está muy bien que lo sea) pero, a menudo, también persigue intereses no periodísticos (y eso está mal).
Aqui algunos fragmentos para compartir:
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación, socio de Grupo Clarín en emprendimientos como Papel Prensa, pero hoy día evaluando cuál puede ser su rol 2011-2015, pero no será la genuflexión de José Ignacio de Mendiguren:
"(…) La política le ha puesto un nombre al proyecto oficialista de domesticar a los críticos. Lo llama la mendigurización de todos los discursos públicos. Se refiere a la política y al contenido discursivo del presidente de la Unión Industrial, Ignacio de Mendiguren.
El líder industrial elogia al modelo, a la Presidenta y a su marido; se olvidó de la inflación, de la seguridad jurídica, de la falta de inversión y de las políticas estatistas que los empresarios critican en la intimidad. Desde las últimas elecciones, se parece más a un funcionario que a un dirigente sectorial. Lo que yo tengo que hacer es influir y no criticar
, explica De Mendiguren. Es la mejor definición de un lobbista.
Capaz de zamarrear al presidente de la Sociedad Rural para agradar al Gobierno, o de difundir que lo hizo, el estilo de Mendiguren muestra, sin embargo, algunas conquistas. Al parecer, la Presidenta se inclinó por él y no por Hugo Moyano en el tramo final de la larga negociación por el aumento del salario mínimo.
Cristina Kirchner le prometió también a Mendiguren que no permitirá aumentos salariales de más del 10% durante el año próximo. El objetivo es muy ambicioso; el aumento salarial promedio de este año fue del 27%. Mendiguren muestra esos triunfos como propios, pero quizá se deban, también, a que el Gobierno es consciente de que la crisis internacional llegará a la Argentina en 2012.
Esa política de cierto realismo explicaría al mismo tiempo las últimas tensiones con Moyano. Amenazado por sus pares del sindicalismo, fisgoneado por los jueces y abandonado por el Gobierno, al jefe cegetista podría no quedarle otra salida, ya débil, que entenderse con el cristinismo.
La aparente reconciliación de Moyano con la Presidenta sucedió en el acto, después de que Moyano tocó la melodía que Cristina Kirchner quería escuchar. Según la hoja de ruta oficialista, la próxima etapa de la mendigurización del discurso es la prensa. (…)".
Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, columnista político del vocero del grupo empresario enfrentado a Cristina Fernández:
"(…) La moderación, y menos con el periodismo no afín , parece que no tendrá cabida en un factible segundo mandato de Cristina. La de Randazzo no fue una avanzada solitaria: lo respaldaron Boudou, Aníbal Fernández y Carlos Tomada, que también parece sumar puntos para continuar desde diciembre bajo el resguardo del poder.
Detrás de esa avanzada se estaría recortando, inconfundible, la sombra de Cristina. Pero esa sombra no se condeciría con el perfil que la Presidenta se ocupó de cultivar desde que quedó en soledad con las herramientas del poder. Tampoco con la mujer exultante y triunfadora, consensual, que llamó al diálogo y que ha aparecido en público hasta la semana pasada.
¿Podría ser ese giro apenas un maquillaje? ¿Podría esperarse a futuro una mandataria de dos caras? ¿O sería sólo un plan limitado al periodismo que no la complace?
El correlato entre las palabras y los hechos nunca formó parte de la práctica del Gobierno, sobre todo en los tiempos de Kirchner. El desacople se ajustó un poco desde el arribo de Cristina. Y las palabras y los enojos, en especial cuando refieren a la prensa, acostumbran preceder a los hechos. Hay, con todo, una clara diferencia entre el pasado y el presente: Kirchner fogoneaba todos los días una pelea, también con el periodismo.
La Presidenta parece haber resuelto ser prescindente en esos conflictos, aunque envalentona a sus soldados.
Cristina nunca tuvo buena sintonía con la prensa, ni siquiera en sus tiempos de parlamentaria. Disfrutó de algunas mieles en la década del ’90 porque desde su banca, en Diputados y el Senado, lidió muchas veces contra el menemismo. Lo hizo, incluso, rompiendo con el bloque del PJ. El periodismo, en general, reflejó sus porfías.
Pero a medida que escaló, también escalaron sus aprensiones y su obsesión.
Existe una anécdota que retrataría aquellas condiciones de Cristina. En el 2002, a pedido suyo, el entonces gobernador Kirchner utilizó el avión oficial de Santa Cruz para trasladar desde Corrientes a Buenos Aires al senador liberal Lázaro Chiappe, dispuesto a votar en contra de la Ley de Subversión Económica que intentaba prorrogar el presidente Eduardo Duhalde.
Un canal de noticias informó sobre esa extrañeza. Cristina se enojó porque no se aclaró que el avión había partido desde Aeroparque y no desde Río Gallegos. El problema parecía ser el detalle, no el fondo de la cuestión.
El tránsito hasta octubre, tal vez, muestre la permanente ambivalencia en la imagen presidencial. Cristina no podría exponerse a otra cosa después de haber conquistado por primera vez los votos de sectores urbanos que, desde el 2003, le habían dado la espalda al kirchnerismo. Esos sectores pueden haber sido llamados, sobre todo, por el bolsillo. Pero suelen escrutar con mayor sensibilidad que otros aspectos de las libertades y la calidad política.
El problema vendría luego, si gana en octubre como se espera. La Presidenta ha arrastrado en esta aventura al peronismo pero imaginaría su futuro gobierno con hombres consecuentes, capaces de sumarse a las batallas que ella desea. El viraje de Randazzo, la semana pasada, sería quizás anticipo del futuro. (…)".
Horacio Verbitsky en el diario Página/12, desde un punto de vista afín al Cristinismo casi ortodoxo:
"(…) Otra intervención llamativa en el debate fue la de Jorge Lanata. En el pasquín “Libre” y en La Nación interpretó mi columna del martes, “Vienen por más”, como una amenaza, del gobierno y en contra suyo. Ingenioso, pero falso.
A pesar de los deseos imaginarios de Lanata, no soy miembro del gobierno, tampoco amenacé a nadie ni me referí a él. Sólo escribí que si Clarín y La Nación seguían reaccionado en forma altiva y prepotente ante los duros datos electorales que disiparon sus ilusiones, con el mismo método obtendrían idénticos resultados, “tal vez con una mayor diferencia, dado el hartazgo que producen. Si vienen por más, es muy posible que lo encuentren. Sigan así”.
Convertir este opinable análisis político en una amenaza personal requiere una sobredosis de interés en sí mismo, como la que impresionó al embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne, en mayo de 2008.
Un despacho enviado por Wayne a su gobierno sostiene que Lanata y su entonces socio, el ex juez Gabriel Cavallo, pidieron la intercesión de Wayne para que las empresas multinacionales de ese origen dieran apoyo económico al diario “Crítica de la Argentina”, porque el gobierno supuestamente lo perseguía.
La información consta en el libro de Santiago O’Donnell “Argenleaks. Los cables de Wikileaks sobre la Argentina, de la A a la Z”. Según el mensaje confidencial que cita O’Donnell, Lanata describió una conspiración oficial para estrangular a su diario neonato, y Cavallo pidió ayuda de supervivencia para el último bastión de la prensa libre en la Argentina.
De acuerdo con el relato del embajador, Lanata dijo que el gobierno intentó comprarlo y, como él no quiso, lo amenazó, igual que a los inversores en su diario. El gobierno también habría presionado a otras empresas privadas para que no publicaran avisos allí y hackeado la página web y las líneas telefónicas del diario.
Cavallo, quien hoy trabaja para la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, agregó que la presión para que no publicaran en su diario se extendía a los gobiernos provinciales y, siempre según el embajador, le pidió que gestionara avisos de las empresas estadounidenses.
Wayne les sugirió que publicaran esos hechos en el diario y que recurrieran a las organizaciones no gubernamentales que defienden la libertad de prensa. También prometió que transmitiría esas preocupaciones a interlocutores del gobierno que tuvieran influencia y no registró que ese ofrecimiento causara alguna incomodidad a sus interlocutores.
Wayne escribió a su gobierno que el acercamiento de Lanata era uno de los más francos que había recibido de parte de un medio argentino y se congratuló por la confianza que demostraba en el compromiso de los Estados Unidos con la libertad de prensa.
Agregó que el diario “podría tener problemas financieros que excedían el marco de cualquier campaña para boicotearlo”, escribe O’Donnell. Según el embajador “el presunto apriete a Lanata se queda corto en comparación con las groseras violaciones a la libertad de prensa” en otros países, como “el cierre de diarios”, la censura estatal, la detención de periodistas o la restricción del acceso a Internet”.
Consultado para esta nota, Cavallo dijo que recordaba la reunión pero no su contenido. Se habría tratado de “una visita protocolar, en reciprocidad por la presencia de Wayne en el lanzamiento del diario”.
–¿Y el pedido de publicidad?
–Las embajadas no son el lugar para buscar avisos –contestó el viernes.
La situación es similar a la que se produjo en julio de 2010 cuando el canciller Héctor Timerman dijo que el periodista Alfredo Leuco, acompañado por su gerente comercial, le pidió publicidad “para hablar bien de Kirchner”.
Leuco lo negó y anunció que iniciaría acciones por calumnias e injurias contra el ministro en la justicia civil. Al cierre de esta nota, Timerman dijo que transcurrido más de un año de la polémica, Leuco no había iniciado ningún juicio en su contra y que él podría identificar el restaurant y hasta la mesa en la que mantuvieron ese diálogo. En este caso el tercer hombre no dijo una palabra.
Negocios son negocios
Por supuesto, Lanata no es un caso excepcional. O’Donnell también dedica dos capítulos de su obra a Clarín, que ayudan a centrar el análisis sobre la particular relación de los medios argentinos con el poder político.
El primero refiere un almuerzo ofrecido por Héctor Magnetto y su plana mayor al embajador Wayne el 7 de mayo de 2007, en el que comunicaron que había comenzado la confrontación con el kirchnerismo (el 25, Kirchner presentó en Mendoza la fórmula presidencial que integrarían su esposa y el gobernador radical Julio Cobos).
Según dijeron en distintos momentos Kirchner y Cristina, Magnetto planteó que ella no podía ser candidata a la Presidencia. Kirchner también dijo que el hombre de negocios había pedido apoyo del gobierno para que el Grupo Clarín adquiriera Telecom, a lo que el Presidente se habría negado.
(N. de la R.: Verbitsky omite que esta negativa ocurrió porque Kirchner quería que otros amigos suyos se quedaran con Telecom y por eso apareció en escena Ernesto Gutiérrez, según versiones diversas).
El empresario nunca lo desmintió. La conclusión del embajador sobre aquel almuerzo, al que también asistieron los directivos del Grupo José Aranda y Jorge Rendo y los periodistas Ricardo Kirschbaum, Eduardo van der Kooy y un asistente no identificado de Kirschbaum, es que “Clarín representa a la elite industrial de la Argentina y, en el fondo lo que le interesa son los negocios”. Wayne atribuye a “crecientes quejas por negocios” la decisión de Clarín de “cubrir agresivamente el escándalo de corrupción Skanska, al que le había bajado el tono durante meses” (cuatro años después un peritaje de la Corte Suprema de Justicia concluyó que el Estado no pagó sobreprecios por ese contrato).
El diplomático agrega que el diario se había “abstenido de semejante cobertura en contra del gobierno porque le debían a Kirchner haberlos salvado de la amenaza de bancarrota de acreedores extranjeros”. Pero las derrotas legislativas del gobierno en algunas provincias “y la recuperación de la salud financiera de Clarín, han terminado el período de gracia de Kirchner con el grupo”. (…)".

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