Cara y ceca de Schoklender
Desde el Frente para la Victoria, Sergio Schoklender es malo y Hebe de Bonafini es buena. Enfoque muy elemental pero es el simplismo que, en su momento, exhibieron tanto Montoneros como los militares (y así les fue…). Horacio Verbitsky, desde Página/12, es vocero paragubernamental acerca del rechazo a las denuncias del ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.
Verbitsky no llega a reivindicar a Hebe de Bonafini -¡faltaba más! Para eso hay gente menor en los otros medios paragubernamentales… Además Verbitsky tuvo sus diferencias con la mala administradora de la Fundación. Aqui algunos fragmentos:
"(…) La crisis de la Fundación Sueños Compartidos estalló cuando la presidente CFK se negó a concederle un crédito a tasa subsidiada de la línea del Bicentenario, que Schoklender le había pedido a Débora Giorgi, porque no estaba contemplado su otorgamiento a organizaciones sin fines de lucro.
SS pidió entonces que los fondos se entregaran a la empresa Meldorek, pero nunca presentó las garantías que le reclamaron.
Entre sus presiones a distintos funcionarios amenazó, incluso, con que “Hebe va a hablar con Cristina”. La única vez que Bonafini rozó la cuestión, la Presidente le dijo afectuosamente que no se ocupara de ese tema.
Como Schoklender seguía exigiendo dinero fresco estatal, Bonafini lo apartó, según creía, en buenos términos, hasta que un embrujo lo convirtió en víbora.
Tanto el gobierno como la Fundación sostienen que las viviendas construidas son mejores que las de otros programas sociales, que se entregan con terminación de calidad, amobladas y hasta con cortinas, y que los pagos sólo se hacían contra verificación del avance de las obras por las jurisdicciones provinciales y municipales. Agregan que si en algunos casos se contrataron sin concurso ni licitación fue porque se construyeron en barrios bravos en los que ninguna empresa quería entrar, con trabajadores del lugar, a los que no se les pedían antecedentes penales, la mitad mujeres, que además recibieron capacitación y contaban con guardería, escuela, centro de salud y áreas de deportes y esparcimiento. Lo mismo sucede en algunas obras de la organización Túpac Amaru.
De acuerdo con esta versión, el gran número de empleados estables, con salarios de convenio y registro regular, implicaba altos costos fijos que requerían la constante iniciación de nuevas obras en cada jurisdicción, con cuyos anticipos se cubrían los déficit acumulados, ya sea por ese descalce entre costos y precios o por la derivación de fondos hacia otros fines que se imputa al apoderado.
Por eso, Schoklender exigía a funcionarios nacionales, provinciales y municipales que le concedieran más obras, incluso en otros países de la Unasur, y créditos para instalar fábricas que produjeran a menor costo los paneles que usaba en sus construcciones. (…)
Las afirmaciones de que Sueños Compartidos era una caja política que pagaba sobresueldos a funcionarios y que su imprenta realizó sin cargo carteles para las campañas porteñas de Amado Boudou y Abel Fatala requieren de más pruebas que esta extemporánea denuncia.
Por lo pronto, el dictamen del fiscal Jorge Di Lello afirma que esos presuntos aportes no están probados en la documentación que SS entregó a la Justicia. Así como Cristina rechazó las presiones de Shoklender y le negó la plata dulce que exigía, bajo su gobierno ningún procesado siguió en su cargo. Pero para que se llegue a ese punto hará falta algo más que el relato vengativo de un oscuro personaje que debe ser tomado “con pinzas” porque su motivación es “no caer solo”, como dijo el más íntimo colaborador de Francisco De Narváez, Gustavo Ferrari. (…").
El contraste sobre Schoklender es notable con el texto dominical de Eduardo van der Kooy en el diario Clarín, quien no agrega nada a lo ya conocido pero permite ejemplificar el punto de vista contrario:
"(…) Schoklender estalló, precisamente, por el modo en que Oyarbide maneja los tiempos de la causa. Tiempos intencionados, de campaña. El kirchnerismo y Cristina no quieren malas noticias hasta que pase octubre.
El problema con la construcción de viviendas, al decir del ex apoderado de la Fundación, se estaría convirtiendo casi en una anécdota. En radio, en televisión, en su testimonio ante diputados opositores en el Congreso, habría consolidado una idea más amplia: que detrás de la Fundación se ocultaría una caja negra de financiamiento de campañas y de proyectos políticos del kirchnerismo.
El fiscal Jorge Di Lello salió a desestimar esa denuncia. Ese fiscal suele ser veloz cuando el Gobierno está apremiado. Actuó igual cuando se supo que una denuncia de la oposición contra Schoklender por lavado de dinero había dormido un año.
Aquella aseveración de Schoklender encerraría dos problemas simultáneos para el Gobierno. Los ojos volverían sobre aquella famosa valija de Guido Antonini Wilson cuyo dinero, dijo, era para la campaña de Cristina. También sobre la relación con Caracas, dispuesta a solventar gastos en la Argentina y en otros países de organizaciones sociales y piqueteras. ¿Las Madres de Hebe también?
El otro punto en cuestión sería la honestidad de la política de derechos humanos de los Kirchner. Esa política ha sido aplaudida e inmune a cualquier cosa. Aunque las derivaciones del caso Schoklender revelarían un avance del matrimonio sobre esas organizaciones con otros fines.
Con intenciones subalternas . Cristina supo rodearse siempre de madres e hijos de desaparecidos. En especial de Hebe. Ante el escándalo, su presencia en el premio que la UNESCO le concedió a Estela Carlotto adquirió un sentido distintivo.
Hebe ha quedado en la mira de Schoklender. El ex apoderado la hace responsable de todas las decisiones aunque apuntó que en los primeros tiempos las órdenes que recibía procedían del propio Kirchner, con el correo que le arrimaba Carlos Zannini. Cada vez que habla, el relato de Schoklender es más abarcativo: ya no figuran sólo José López, Julio De Vido, Abel Fatala, Luis Bontempo o Amado Boudou. El kirchnerismo se pregunta, con temor, hasta dónde será capaz de llegar el ex apoderado de la Fundación.
Tampoco Schoklender se olvidó de Aníbal Fernández. No habría insinuado, como interpretaron algunos, que el jefe de Gabinete había mandado a apretarlo por un funcionario de la SIDE. La jugada habría sido más sutil. Fernando Pocino ese es el funcionario le pidió amigablemente al ex apoderado que dejara de declarar.
“Estas cosas las arreglamos con la Justicia”, trató de convencerlo.
Pocino es una persona allegada a Nilda Garré. Sólo lateralmente, también al jefe de Gabinete.
Hablaba con Kirchner y habla con Cristina.
Siempre se le reconocieron dos especialidades: el espionaje al periodismo y el buen trato con muchos jueces. Una característica de Oyarbide, en toda su historia, fue el buen lazo con la Policía Federal y con agentes de inteligencia. Aseguran que ese blindaje le permitió librarse de situaciones muy embarazosas.
¿Por qué Schoklender no habría tenido en cuenta aquel consejo? ¿Por qué motivo sigue con sus declaraciones? Supone que su situación no tiene retorno.
Que Cristina, el kirchnerismo y Oyarbide intentarían, luego de octubre, cortar el hilo por el punto más delgado: endilgarle las culpas de todo el escándalo, encarcelarlo y colocar a salvo a Hebe. (…)".
En el medio de todo eso, una oportuna, desoladora aunque realista reflexión de Eugenio Paillet en el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, quien confirma lo que sostiene Urgente24 una y otra vez: que todavía no hay impacto electoral en los inquietantes dichos de Schoklender:
"(…) Dos o tres sensaciones han quedado a la vista, en estos días. Y la sorpresa es que ninguna de ellas parece capaz de provocarle ni una astilla a la nave del cristinismo. Para empezar, Sergio Schoklender ha desnudado, con su raid televisivo y su paso por el Congreso, bien que en un insólito plan de vengador de inocentes, cuando él es parte activa de la misma trama, que el gobierno ha utilizado la bandera de los derechos humanos para hacer política. Se le suma, además, la fuerte sospecha de que uno o algunos funcionarios del gobierno han sacado una buena tajada de ese proceder.
Por otra parte, tras la peor tragedia ferroviaria en el país en los últimos cincuenta años, como la ocurrida en Flores, el gobierno ha quedado desnudo de argumentos frente a una flagrante evidencia: la mentira aviesa en torno de la realidad de la obra pública que promete y la que en verdad realiza, mientras hace uso a ultranza del recurso mediático como ninguno de sus antecesores desde 1983 a la fecha. Para decirlo en términos prácticos: queda al descubierto un gobierno que dice que hace mucho y llena los medios oficiales o paraoficiales con propaganda, pero hace poco y nada.
El mismo Schoklender desafió a quien quiera molestarse en ir a comprobar en los papeles cuán poco de verdad y cuánto de mentira hay en torno de los registros que dicen que ya se construyeron más de 850.000 viviendas en todo el país. Lo llamativo, y lo que convierte esta sensación en perplejidad, es que los registros del Ministerio de Planificación parecen darle la razón: apenas un 10% del tercer Plan Federal de Viviendas está efectivamente en construcción. De las promesas en torno del Plan Uno, se llevó a cabo un 55% de las unidades comprometidas. Y del Plan Dos, apenas un 43%.
¿Entonces? Ya se ha dicho que la sociedad ha demostrado que, en el caso de la corrupción, mira para otro lado o no se le mueve un pelo. Y que, por mucho que la golpee la tragedia cargada de muertos y heridos, como fue el accidente ferroviario de Flores, donde quedó expuesta claramente la falta de políticas para modernizar esos servicios por parte de la Casa Rosada, entre 2003 y el presente, no parece dispuesta a reclamar a los gobernantes en las urnas por esa mezcla de propaganda, desidia y mentira. El espaldarazo a Cristina Fernández en las internas del 14 de agosto es un buen ejemplo. (…)".