Macri apuesta a la vida sana, el yoga y al budismo para combatir el estrés
Quienes frecuentan a Mauricio Macri dicen que hace varios meses que está cambiado. Que está de mejor humor, que está más relajado, que se enoja menos por los problemas diarios, que intenta ser positivo en sus ideas. Además de la llegada a su vida de Juliana Awada, y su embarazo de Antonia, el jefe de Gobierno se entusiasmó con la cultura budista y empezó a hacer yoga y meditación.
El puntapié inicial lo dio hace ocho meses cuando Joaquín Molla, publicista y uno de los creativos que armó los spots de campaña del PRO, le recomendó un maestro de yoga para que lo atendiera personalmente. Así, una vez por semana Macri empezó a asistir solo a las clases que, según cuentan en su entorno, lo ayuda a vivir “con menos conflictos”. Además, también se interesó en la meditación y en la vida más armoniosa que supone la cultura oriental.
“Le aconsejaron que se acercara al budismo con la idea de que puede ayudarlo a soportar con menos sufrimiento y ansiedad las hostilidades del día a día. Tuvo momentos de crisis, con ganas de largar todo, y siente que se serena con esta filosofía, y que tiene que enamorarse más del proceso que del resultado”, cuenta a PERFIL una fuente que frecuenta al jefe de Gobierno. “Empezó con algunas lecturas y le siguieron el yoga y la meditación”, agrega la misma fuente.
Al líder del PRO siempre le gustaron los temas espirituales. Por caso, en 2009 les recomendaba a quienes lo visitaban el libro El combustible espiritual de Ari Paluch (ver recuadro), e intentó durante toda su campaña hablar de “concordia” y “paz” como ejes de su discurso.
“Quiere hacer todos los días una acción que le permita dormir tranquilo. Poder llegar a su casa y haber terminado el día haciendo algo orientado a la armonía, a la concordia, a la paz, al reencuentro”, describe un legislador que dialoga con él semanalmente.
Otro funcionario PRO acota: “Se calienta menos y, aunque no es de putear, está más positivo, le joden menos las agresiones”.
Si bien no cambió sus hábitos alimenticios (siempre se cuidó y es un militante de la vida sana y el deporte), la filosofía budista le ayudó a retocar sus discursos de los últimos meses. En este marco, en una reciente entrevista radial, Macri ensayó parte de lo que viene aprendiendo en sus clases para aplicarlo a la política: “Finalmente, estamos de paso acá; finalmente, todo es tan efímero… Son cuatro años más (al frente del Gobierno porteño), los votos no son de uno, fíjense cómo gente que tenía votos hace cuatro años hoy dejó de tenerlos y ya no existe más”. Y agregó: “Esto es muy rápido como para creerse que uno es el eje del planeta. Acá uno es la circunstancia, la gente vota inteligentemente pensando que es la mejor alternativa en ese momento, pero no se casa con uno, solamente dice: ‘Bueno, ayudame a que yo resuelva algunos de mis problemas’, y de eso se trata”.
Según relatan en el entorno del jefe de Gobierno, a pesar de haberse acercado al yoga, no se fanatizó. De hecho, cuando llegó el Dalai Lama a la Argentina la semana pasada, si bien trascendió que Macri le entregaría la Medalla de Honor de la Ciudad, ni siquiera se cruzaron durante la estadía del líder tibetano en el país. Por un lado, porque el líder del PRO no realizó ninguna gestión para conocerlo; por el otro, porque tuvo dos viajes a Córdoba y Entre Ríos para acompañar a candidatos del PRO. “Le gusta el tema, pero no está todavía para irse al Tibet a meditar durante días”, bromea un funcionario de Bolívar I. Al menos por ahora no viajará para profundizar en la filosofía zen, aunque parece estar en ese camino.