Final de campaña con mínima exposición
No quiere grandes concentraciones ni masivas convocatorias. El miedo a que cualquier hecho le arruine el tranquilo camino hasta las elecciones precipitó una inusual falta de actos de demostración de fuerza como final de campaña y una renovada diferencia entre Cristina Kirchner y Daniel Scioli.
Incluso antes del problema de salud que la obligó a dos días de reposo y al fallecimiento de la pareja de Alicia Kirchner, por el que ayer canceló la actividad oficial (ver página 16), la Presidenta le bajó el pulgar al gobernador bonaerense en su pretensión de trasladar su "ola naranja" al Estadio Unico de La Plata para festejar el Día de la Lealtad peronista. Iba a ser hoy, por la tarde, en una suerte de cierre de su campaña.
Pero desde la Casa Rosada le sugirieron (en el más suave de los términos para una relación siempre tensa) que era mejor evitar las grandes concentraciones de público en la última semana hasta los comicios generales. Tampoco a Cristina le gustaba el esquema sciolista de la convocatoria frustrada que incluía, además del color insignia del mandatario provincial, un cierre a toda fiesta con las canciones románticas de Ricardo Montaner.
Fuentes oficiales contaron a LA NACION que la jefa del Estado, por medio de sus colaboradores, le pidió a Scioli que cancelara el acto. Desde la gobernación provincial, en cambio, la explicación fue otra: dijeron que nunca había estado confirmada oficialmente la convocatoria y que algunos colaboradores del mandatario bonaerense se habían apurado a hacerla pública. "Siempre estuvo supeditado a lo que quisiera Cristina", agregaron desde La Plata para minimizar las diferencias.
Más allá de las argumentaciones de uno y otro, la convocatoria nunca había tenido el visto bueno de Cristina Kirchner que, enterada de la manifestación, ya había anticipado que no iría. Y la fue desinflando por completo. Scioli terminó así cambiando de planes: organizó una caravana de cuatro horas por La Matanza, el distrito más poblado del conurbano. "Le pareció más atractiva esa idea", se consolaban sus colaboradores más cercanos.
Sin sobresaltos
La Presidenta busca transitar el último tramo de campaña sin complicaciones ante el favorable escenario que le adjudican todas las encuestas y después de su arrasador triunfo por más del 50 por ciento de los votos en las elecciones primarias del 14 de agosto. Tampoco ella pretende hacer demostraciones de fuerza política y echó por tierra cualquier acto masivo.
En la Casa Rosada contaron a LA NACION que la jefa del Estado desechó celebrar el 17 de Octubre, fecha emblemática indiscutida del peronismo, con una gran concentración popular.
Después de la hipotensión que sufrió el martes pasado y con la agenda presidencial a medio armar, una de las posibilidades para conmemorar el Día de la Lealtad es que Cristina asista el lunes a la sede del canal Encuentro, ubicado en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), para la presentación de un documental.
La idea está más centrada en Evita que en Juan Domingo Perón. Se sabe que la Presidenta siempre se inclinó más por resaltar la figura de Eva Perón, de quien mandó a construir los dos gigantescos murales en hierro que se ubicaron en ambas caras del Ministerio de Desarrollo Social.
Fuentes del peronismo bonaerense deslizaron ante LA NACION que Cristina había hecho caer todo acto partidario. "Nadie quiere grandes concentraciones. Cualquier incidente podría generar un caos días antes de la elección", confió un funcionario con despacho en Balcarce 50. Algunos integrantes del Gabinete apuntan sus temores a Eduardo Duhalde, candidato presidencial del Frente Unión Popular.
Como en las elecciones primarias, tampoco habrá un acto de cierre de campaña de grandes dimensiones. Se espera que se repita el ritual del teatro Coliseo. Y por cábala, sería el miércoles 19, un día antes del comienzo de la veda de 48 horas para hacer campaña, tal como se hizo en los anteriores comicios..