En el Congreso también quedó expuesta la pelea
Las diferencias quedaron disueltas en la contundente mayoría que el oficialismo estrenó esta semana en la Cámara baja. Pero las ausencias no pasaron inadvertidas. En el final de una jornada cargada de tensión, los diputados del bloque kirchnerista que responden al secretario general de la CGT, Hugo Moyano, se rehusaron a aprobar junto con el resto del oficialismo la reforma al estatuto del peón rural, resistida por el líder del gremio del sector, el duhaldista Gerónimo Venegas.
Facundo Moyano, hijo del líder de la central sindical y jefe del gremio de los peajes, y Omar Plaini, titular del sindicato de los canillitas, se presentaron en el recinto después del acto en el que Hugo Moyano dejó al borde de la ruptura su relación con la Presidenta. Pero ninguno estuvo durante la madrugada de ayer, cuando el oficialismo aprobó el proyecto que estipula mejores condiciones laborales para los peones rurales y estatiza la administración del Renatre, un subsistema de seguridad social, hoy bajo control del gremio y de las entidades patronales. Tampoco aportó su voto Héctor Recalde, jefe de abogados de la CGT, todavía convaleciente por una operación. En la votación en general, el proyecto obtuvo 174 a favor, cuatro en contra y una abstención, gracias al respaldo de parte de la UCR y el Frente Amplio Progresista (FAP). Al artículo referido al Renatre sólo lo apoyó el oficialismo. "Fue un buen debate. Salieron las cosas que la Presidenta necesitaba y lo logramos con más votos que el quórum", se diferenció Carlos Gdansky, diputado y dirigente metalúrgico.
Durante la sesión maratónica que comenzó anteayer, las señales entre los diputados moyanistas y el resto del bloque kirchnerista fueron de tira y afloja. Al llegar, Facundo Moyano saludó al presidente de la bancada oficialista, Agustín Rossi, y se abrazó con el diputado Carlos Kunkel.
Un momento más tarde, el hijo del jefe de la CGT dio una entrevista televisiva en los pasillos del Congreso, en la que se encargó de bajarle el tono a la pelea y de aclarar que no se trataba de una ruptura. Minutos después, recibió del diputado radical Ricardo Buryaile una propuesta para sumarse a un intento, encabezado por un sector del radicalismo y por el peronismo disidente, para dejar sin quórum al oficialismo durante el tratamiento de la iniciativa. Facundo Moyano cumplió con su parte y abandonó el recinto antes de la medianoche, pero no sin comunicarle su decisión a Rossi. También dejaron la sesión los diputados del Frente Peronista, de Pro, de la Coalición Cívica y algunos de la UCR.
Plaini, en cambio, se quedó hasta que comenzó a debatirse el proyecto, en lo que fue considerado como un gesto de acercamiento por diputados kirchneristas. De todos modos, el oficialismo tenía el quórum asegurado. Las planillas que llevaba la secretaria del bloque, la diputada Teresa García, indicaban que un mínimo de 132 legisladores permanecería en sus bancas hasta el final de la sesión. Una muestra de la cohesión que mostró el kirchnerismo en la semana de estreno de su nueva mayoría.
A la medianoche, la policía protegió el Congreso con vallas, ante la posibilidad de que se acercaran manifestantes convocados por Venegas. "Tienen miedo de sesionar con el pueblo en la calle", acusó Eduardo Amadeo a los oficialistas.
El proyecto apunta a terminar con la precarización del empleo en el sector, elimina las restricciones del derecho de huelga, establece que el máximo de la jornada laboral será de ocho horas diarias y 44 horas semanales, prohíbe el trabajo infantil, regula el trabajo adolescente, y baja la edad jubilatoria de los peones a los 57 años.
La resistencia de Venegas reside en que se estatiza el control del Renatre. Se trata de un organismo creado por ley en 1999, que hoy manejan el gremio y las cuatro entidades rurales. Todos los años recauda unos 120 millones de pesos, por el aporte obligatorio de los empleadores, con los que deben cubrirse seguros de desempleo y tareas de capacitación