Cómo funcionan las cuadrillas que manejan los planes sociales
Embarazada de su segundo hijo, Marta Venegas, de 23 años, es la presidenta de la Estella Húmeres, una de las diez cooperativas del plan Argentina Trabaja que controla el Movimiento Evita en el partido de San Martín. Valentín Delgado, de 44 años, es padre de diez hijos y dirige una de las cuadrillas que construyen veredas y desagües en el barrio Cárcova, uno de los más pobres de José León Suárez, en San Martín.
Ella pasa con la planilla de los empleados inscriptos en el programa; él le informa de los presentes y los ausentes, en una escena que se repite a diario, en este lugar de calles de tierra zigzagueantes, regadas de basura y piedras. Las casas son de material o directamente tienen paredes y techos de chapa oxidada.
Delgado, al que todos en el barrio llaman "Pana", llegó hace 22 años de su Chaco natal y trabaja en la construcción desde los 14 años.
Cuenta que cuesta convencer a algunos de que el programa no es un mero plan social, sino que exige una contraprestación de cuatro horas de trabajo al día. Marta sostiene, con las planillas en la mano, que las mujeres son más cumplidoras que los hombres y que ya debieron aplicar varias sanciones a los incumplidores.
Pero los dos se muestran muy conformes. "La plata no es mucha, pero te da la seguridad de que la cobrás todos los meses y además te queda tiempo para hacer changas", dice "Pana", a quien, como capataz, le corresponde un sueldo de 2400 pesos. El resto cobra 1200.
Marta explica que milita en el movimiento desde 2005, porque su abuelo era montonero y siempre le hablaba de política, y afirma que hoy lleva puesta la camiseta del Evita.
Dice que la fuerza del movimiento está en los barrios y que la regla es que todos los dirigentes tienen que hacer trabajo territorial. "En otras organizaciones, les sacan plata y los obligan a ir a las marchas a los beneficiarios", cuenta, y asegura que en la agrupación que dirige Emilio Pérsico las cosas son distintas. "Los días de acto, les explicamos a los compañeros la importancia de acompañar, y a los que quieren, los llevamos, pero los que no quieren, se quedan trabajando", detalla.
Se acerca el mediodía y los vecinos usan la calle central de Cárcova como si fuera el patio de su casa. Sorteando zanjas cubiertas de agua servida y botellas de plástico vacías, pasean madres adolescentes con sus hijos, chicos descalzos o en ojotas y jóvenes en bicicleta.
EL DESCANSO
"Hacía años que no se hacía nada en el barrio y la gente lo valora mucho, porque se les da trabajo a los vecinos", explica "Pana", ya al resguardo de la sombra de un árbol. Los restantes miembros de la cuadrilla también descansan, sentados en las veredas construidas por ellos mismos, todavía con palas y picos en la mano.
"Estoy muy conforme con el trabajo. Antes trabajaba en una pizzería, pero no era algo fijo", cuenta Gustavo Barcos, de 42 años, casi todos vividos en el barrio, uno de los 22 integrantes de la cuadrilla.
El trabajo del movimiento en el barrio también incluye la próxima inauguración de una cancha de fútbol sobre el arroyo Reconquista, que, en este tramo, tiene su lecho repleto de esqueletos de electrodomésticos y autos abandonados.
Los militantes del barrio se preparan también para conmemorar el próximo 3 de febrero el primer aniversario del asesinato de Franco Almirón y Mauricio Ramos, dos jóvenes integrantes del Evita, a manos de la policía bonaerense, producido luego del descarrilamiento de un tren en la zona..