Para Brasil, la Argentina ha sido un "problema permanente"
Las nuevas reglas que impuso la Argentina a las importaciones llevaron al límite la paciencia de Brasil, principal socio comercial del país. Ayer, en las palabras más duras que ha tenido hasta el momento para referirse a la relación de intercambio entre ambos países , el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior brasileño, Fernando Pimentel , consideró enrevesadas las negociaciones comerciales con el gobierno de Cristina Kirchner.
"La Argentina ha sido un problema permanente . Tenemos buenas relaciones políticas, pero, económicamente, es difícil lidiar con ellos", afirmó el ministro a la agencia de noticias Dow Jones (del mismo grupo que edita The Wall Street Journal), durante una entrevista en Nueva York, donde Pimentel había ido para participar de una feria comercial.
Las fuertes declaraciones surgieron al ser consultado sobre la decisión anunciada la semana pasada por la AFIP, de exigir una declaración jurada anticipada para toda compra de bienes al exterior.
No bien se hizo pública esa medida, en una nota oficial el ministerio que comanda Pimentel pidió explicaciones a las autoridades argentinas y se declaró preocupado sobre cuáles serían las consecuencias en el comercio bilateral, que el año pasado llegó al récord de 39.616 millones de dólares.
"Tenemos un superávit comercial de cerca de 6000 millones de dólares con la Argentina. Ellos tienen superávit con el resto del mundo, pero no con Brasil", destacó a Dow Jones Pimentel, quien ve en las acciones argentinas intentos desesperados por reducir el déficit comercial con el mayor de los socios del Mercosur.
Y aclaró que no intentará negociar con el gobierno argentino hasta que no entren en vigor las nuevas disposiciones, a partir del 1º de febrero.
Aunque Pimentel ya se encontraba ayer en Brasilia, no quiso hablar con LA NACION y su cartera se negó a ahondar en las declaraciones que el ministro había dado en Estados Unidos. "El ministro no va a hacer más comentarios sobre lo que ya fue publicado. Sólo reiteró su disposición al diálogo", indicó la oficina de prensa del ministerio.
HACER NOTAR EL DESCONTENTO
En otras reparticiones gubernamentales, en tanto, explicaron a este diario que la estrategia de la administración de Dilma Rousseff es dar señales indirectas del descontento que existe en Brasilia por las trabas comerciales argentinas, y evitar el conflicto frontal hasta la última instancia. "Es un asunto muy caliente y esperamos que se resuelva antes de que las cosas lleguen a otro nivel", dijo un funcionario brasileño que requirió anonimato.
Apenas dos días después de haber presentado sus cartas protocolares ante el Palacio de Itamaraty, el nuevo embajador argentino ante Brasil, Luis María Kreckler, también evitó referirse a las declaraciones de Pimentel. Buscado por LA NACION, se excusó muy diplomáticamente de no hacer comentarios de un tema que sin dudas estará en el tope de su agenda laboral.
Ya el año pasado, el normal flujo comercial entre ambos países sufrió varios momentos de tensión por la aplicación por parte de la Argentina de licencias no automáticas a la importación de productos como zapatos y maquinaria agrícola, que demoraron mucho su ingreso al mercado argentino. Ante los oídos sordos que hizo Buenos Aires de las quejas de exportadores brasileños y de su gobierno, Brasilia contestó con sus propias barreras comerciales; primero a golosinas y chocolates, luego a vehículos, el sector más sensible en la vinculación económica bilateral.
Este año, la relación ya empezó con el pie izquierdo con la nueva reglamentación argentina a las importaciones, que no habría sido consultada con el gobierno de Brasil, o siquiera adelantada. Varios diarios lanzaron editoriales críticos al proteccionismo argentino, incluso el matutino carioca O Globo llegó a juzgar la administración Kirchner de ser anti-Mercosur.
En tanto, la Confederación Nacional de Industria (CNI) brasileña calificó la medida de la AFIP como un retroceso que pone en riesgo los sistemas de producción de las empresas brasileñas con filiales en la Argentina, y atenta contra la integración de las cadenas productivas entre ambos países que tanto ha promovido la ministra Débora Giorgi en sus encuentros con Pimentel..