Jubilado, sin plata y "controla" Ciccone
"¿Vos me estás jodiendo?", interroga a LA NACION luego de enterarse de que figura como apoderado del fondo de inversión controlante de Ciccone, la empresa que recomienda la Casa de Moneda para imprimir billetes.
Schneider, 75 años, retirado de la Marina Mercante tras 27 años de servicio "y ni un peso", aclara desde el jardín de su humildísima casa -la más humilde de toda la cuadra- de Longchamps, una hora al sur de la Casa Rosada. Jura y rejura que él no es socio de nadie ni representante de ninguna empresa ni mucho menos de un fondo de inversión holandés, ni sabe qué es o qué produce la ex imprenta Ciccone Calcográfica. Es decir, todo lo contrario de lo que consta en los registros oficiales. Sólo luego recordará que le dieron $ 200, hace unos años, por firmar "unos papeles" y que él "necesitaba mucho los mangos".
En esos papeles, Schneider figura como representante de la sociedad extranjera Tierras International Investments CV, constituida en Holanda con las firmas de dos mujeres de las Antillas. Acaso también "prestanombres": una mujer de 33 años, Jullisa Abigail Comenencia-Koolman, y otra de 39, Indra Farah Marie Vilchez.
En la Argentina, también figuran tres abogados como apoderados, pero sólo para su inscripción administrativa: Hernán Melchor Cruchaga, Gonzalo Pascual y María Victoria Ctibor, el primero de los cuales deslindó toda responsabilidad "en lo que hagan los dueños de la sociedad", cuyo nombre evitó precisar por el "secreto profesional" (de lo que se informa por separado).
Inscripta como sociedad extranjera en la Dirección de Personas Jurídicas de la provincia de Buenos Aires mediante el legajo 1/167050, en el expediente 21209/143013-9, el verdadero representante de Tierras International Investments CV es Alejandro Paul Vandenbroele, el abogado al que su mujer, Laura Muñoz, señaló como amigo, presunto "testaferro" y gestor de negocios del vicepresidente Amado Boudou.
El 15 de marzo de 2010, fue Vandenbroele, no Schneider, quien representó al fondo de origen holandés en la asamblea de accionistas de The Old Fund SA, con la que meses después tomaría el control -y la presidencia- de la ex imprenta Ciccone Calcográfica.
"A ver, «Piluso», empezá de nuevo y dejame tomar nota", pide Schneider, que por algún motivo bautizó "Pilusa" a su perrita, de raza desconocida, y apoda "Piluso" a todo aquel que se le ponga adelante.
LA NACION le explica entonces que figura como representante de un fondo holandés, que aparece con un domicilio en la calle Davel de Longchamps, partido de Almirante Brown, en pleno conurbano bonaerense, pero con un número de casa incorrecto. De hecho, ese número no existe. Y, peor aún, figura como representante de otras dos sociedades extranjeras. Schneider no parece convencido y vuelve a la carga: "¿Vos me estás jodiendo?".
"ESTO ES LA ARGENTINA"
Ambas sociedades también son de origen holandés: Sky Trasport [sic] Services CV y Chelsworth Holdings CV. Y mediante reuniones de socios que en teoría se celebraron, ambas, el 15 de febrero de 2010, dispusieron abrir una sucursal, cada una, en esa misma calle Davel de Longchamps. Pero allí, claro, no hay nada. Peor aún, en la primera consignaron mal su apellido, "Scheneider", aunque su documento sí es el correcto.
"Para que sepas, «Piluso» -aclara el jubilado-, me enteré de que hay cinco DNI con mi nombre y algún hijo de puta cobró el retroactivo que me corresponde a mí en la Anses. Pero, bueno, esto es la República Argentina, ¿no?"
Nacido en 1936, Schneider conserva una buena apariencia física. Cobra la jubilación mínima -"1400 pesos de bolsillo", aclara- y no quiere que nada pueda perjudicar a su hija. Eso es, insiste varias veces, lo "único" que le importa.
Entra y sale de la casa varias veces. De andar rápido y ágil, aparenta menos años de los que tiene. Y es rápido para el retruque y dejar claro que no le gusta nada el Gobierno. "A mí, con ellos, nada, ¿está claro, «Piluso»?", refuerza.
Schneider delimita, también, ciertas pautas y reglas. "No quiero que me saques fotos. Y si alguien me llega a venir a joder, lo cago a tiros", dice, antes de que la sonrisa retorne a su rostro, como si nada. Para él, cuenta, mientras muestra unas fotos colgadas en el armario de su cuarto, su vida actual "es andar en bicicleta".
La cocina de su casa es poco más que testimonial, mientras que Pilusa deambula entre una mesa de madera petisa y tres sillas de madera que hay en el jardín delantero, entre la casa sin timbre y el número pintado con pincel en una maderita, y el alambrado que delimita con la calle y el quiosco de al lado, de un vecino con el que Schneider se lleva bien. O al menos lo bastante bien como para compartir la noticia.
"Pará, pará, «Piluso», dejame que le cuente lo que me estás diciendo. ¿Así que soy el jefe de una empresa internacional?", le dice a LA NACION, que le aclara que no, que sólo figura como su representante de ese fondo holandés que controla a la firma argentina que controla a la ex Ciccone. Y vuelve a la carga: "¿Vos me estás jodiendo? Mirá que tengo mis problemas del corazón, ¿eh?".
EL REPRESENTANTE
En cuatro líneas, el anuncio publicado en el Boletín Oficial bonaerense en julio de 2009 informó la inscripción en el país de la firma holandesa Tierras International Investments y la designación de Carlos Schneider como su representante.
SILENCIO DE LA AFIP SOBRE SU ACTUACIÓN
La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) mantuvo ayer su silencio oficial sobre el régimen "excepcional" de pagos que le concedió a la ex Ciccone Calcográfica, y que LA NACION reveló en su edición de ayer. La AFIP le otorgó ese plan durante 2010, después de lograr que la Justicia decretara su quiebra y cuando allegados a Amado Boudou tomaron el control de la firma.