5 abril, 2025

Celoso del marketing, Carlos Spadone, ex asesor menemista y empresario, le cambió en 2001, momento más que oportuno, el nombre a su bodega y a sus vinos. Bodegas Saúl Menem e Hijos, cuyas acciones compartía todavía entonces con la familia del ex presidente, pasó a llamarse San Huberto.
Spadone había abandonado su cargo en el gobierno tras el escándalo que los involucró a él y a Miguel Angel Vicco por la leche contaminada que se pensaba destinar al Programa de Atención Materno Infantil, caso revelado en una implacable investigación que hicieron en 1991, en Página 12, los periodistas Horacio Verbitsky y Susana Viau, recueda una nota de La Nación.
Los desafíos del bodeguero han cambiado ahora sustancialmente. Si todo sale como está planeado, acompañará el 4 del mes próximo a Guillermo Moreno a Angola, en una misión comercial que incluirá a más de 250 empresarios y que el secretario de Comercio Interior imagina ejemplificadora e inaugural para su nuevo rol en el Gobierno. En realidad, la presencia del ex menemista no será una más. Moreno lo ha elegido como interlocutor y convocante de lo que considera la nueva burguesía nacional, que deberá estar encabezada por la Confederación General Económica (CGE), entidad que pretende relanzar. "Soy el nuevo Jorge Antonio", bromeaba entre pares la semana pasada Spadone, que se encontrará el miércoles con el funcionario para terminar de armar el viaje.
Varios empresarios han recibido entonces, en estos días, esa sorpresiva llamada. En realidad, la unción de Spadone como aglutinador en tierras africanas no debería llamar tanto la atención. Primero, porque Moreno no suele mostrarse resentido con los años noventa, lapso que lo cobijó, en sus inicios, como funcionario de Carlos Grosso en la Dirección de Empleo y Microemprendimientos. Además, porque Spadone es ya un exportador, aunque en volúmenes pequeños, a ese destino. Según los datos de la Aduana, San Huberto le vendió en 2011 a Angola 40 cajas de 12 botellas, a 23,90 dólares cada una. Es decir, una exportación de 956 dólares. Esos números son incluso inferiores a los de otras bodegas como Peñaflor, que colocó el mismo año 3600 cajas (77.225 dólares) en Angola, pero la gesta de Moreno pretende incluir a todos los empresarios pyme y, cuanto más pequeños, mejor.
En realidad, las razones de la elección del nuevo nexo corporativo ya fueron reveladas días atrás por el propio secretario de Comercio Interior a dirigentes de rubros diversos. Les dijo que buscaba desplazar de ese tipo de tareas a dos hombres de negocios que, por contactos, suelen hacerlo habitualmente y de manera natural: José Ignacio de Mendiguren, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), y Cristiano Rattazzi, líder de Fiat Auto. Ninguno de los dos estará en Angola.
Es el espíritu que el secretario le quiere insuflar a una gira que imagina escarmentadora en todo sentido. Vigía de casi el 100% de los nichos de negocios y mercados del país, Moreno quiere también extender sus recomendaciones al terrero espiritual: quiere un viaje austero, dice, y ya avisó que muchos deberán compartir los cuartos. No voy a permitir ningún acto de libertinaje, les anticipó a algunos. A buen entendedor, pocas palabras.
Será su instalación como virtual jefe de gabinete económico. "Con lo que le saco a Bunge & Born, pago el viaje de estas pymes", razonaba hace dos viernes, durante un encuentro con industriales textiles a los que les está pidiendo que confeccionen una marca de ropa barata para trabajadores. Fue el día en que también prometía destruir a la Unión Industrial Argentina antes de fin de año porque, dijo, pretende que exista una sola central empresaria, que será la CGE. Tampoco habrá traductores en Angola. Primero, explica Moreno, porque allá no se habla ningún idioma extraño sino portugués. Pero además porque, se explaya, el que sabe hacer negocios no necesita intérpretes. Como siempre últimamente, esas frases del secretario incluyen alusiones o cuestionamientos más o menos implícitos hacia otras áreas de la Administración.
Semejante puesta en escena es seguida por los empresarios con intranquilidad. ¿Habrá que tomarlo en serio?, se preguntan. Por lo pronto, sean o no bromas, hay perturbaciones concretas esperando soluciones que antes, para bien o para mal, tenían por lo menos un confidente válido dentro del Gobierno. ¿Podrá Moreno, si es cierto que estará a cargo de absolutamente todo, atender tantos asuntos? El miércoles pasado, un despachante de Aduana se quejaba ante La naciñon del nivel de la discrecionalidad que aqueja al comercio exterior tras el nuevo esquema de Declaración Jurada Anticipada de Importaciones.
Cualquier empleado, sostenía, es ahora capaz de frenar una importación en nombre de Dios sabe quién. ¿Alguien se animaría a objetarlo, en un sistema que carece ya de reglas escritas? ¿Cómo saber quién ha recibido realmente instrucciones y quién está aprovechando la confusión?

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