5 abril, 2025

El "todos y todas" divide a intelectuales

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En un punto están de acuerdo casi todos y casi todas. Más allá de las formas, la cuestión de género no se sortea por usar el masculino y el femenino cada vez que se habla de la humanidad. Implica concepciones y políticas que exceden lo lingüístico, aunque pueden incluirlo también. Estas son algunas de las conclusiones que surgen del diálogo con escritores, intelectuales, historiadores y periodistas consultados por LA NACION a partir de la advertencia lanzada por la Real Academia Española (RAE) sobre la utilización de un latiguillo latinoamericano que lleva a hablar en femenino y masculino en lugar de utilizar un sustantivo colectivo que los designe.
La semana última, la RAE presentó un informe en el que advierte que los hispanohablantes no están discriminando cuando usan el masculino para designar a hombres y mujeres: no necesitan modificar el uso de su idioma para huir del sexismo y tampoco están obligados a pasar al género femenino el nombre de algunas profesiones.
"Lo que me molesta de esta polémica trivial es su hipocresía. Aquí no se está hablando de corrección gramatical, sino acerca de quiénes tienen derecho a interpretar las pautas de la lengua. El punto es que si «todos y todas» puede parecer un desvío feminista, «la arquitecto española» es clara señal de un disparatado machismo lingüístico que nadie parece advertir. Allí está la injusticia y la hipocresía del caso", apunta la ensayista y lingüista Ivonne Bordelois.
"Que alguien diga «todos y todas» forma parte de su libertad como hablante; pero que esas preferencias lingüísticas se conviertan en obligación es una insensatez. Hay una exageración en el análisis del sexismo en el lenguaje, y eso contribuye a que se separe cada vez más el lenguaje privado del público", apunta el escritor Pablo De Santis.
"No sólo nuestros conceptos sino las palabras que usamos pueden ser consideradas políticamente incorrectas. Mi esposa da clases de filosofía en la universidad, y no la imagino diciendo «mi alumnado», que es una fórmula burocrática, en vez de «mis alumnos». Creo que esa especie de proteccionismo excesivo con respecto a las mujeres implica una desconfianza, como si fueran criaturas débiles y vulnerables; e implica también una concepción «literalista» de la lengua, como si debiera existir una correspondencia exacta entre las palabras y las cosas, como antes de la Torre de Babel. Ya habrá quien proponga que dejemos de hablar español a causa de la conquista de América", agrega.
El documento de la RAE resalta la nula practicidad del "desdoblamiento" genérico para evitar la supuesta caída en el sexismo, así como el uso indebido del símbolo "@" para superponer el uso femenino de la "a" y el masculino de la "o".
En contra de esta postura se coloca el escritor Mario Pacho O’Donnell, a quien el gobierno nacional recientemente puso al frente del instituto de revisionismo histórico: "Es absolutamente correcto y necesario, porque si no caemos en la aberración de decir o escribir «el progreso del hombre» o «la situación del hombre en el planeta» cuando nos estamos refiriendo al ser humano. De igual manera podríamos decir o escribir «la mujer llegó a la Luna», englobando en ese término a mujeres y hombres. Sin embargo, nos sonaría ridículo. ¿Por qué aceptar lo inverso? No diferenciar entre hombres y mujeres al hablar es discriminar groseramente", dice.
DEMAGOGIA
"En un nivel parejo me interesan tan poco los discursos políticos como los académicos. Para la política, el uso del femenino y masculino no responde a razones lingüísticas, sino demagógicas. Por otra parte, la RAE vive con un gran retraso el uso de la lengua. El idioma se transforma por el habla de la gente en general. No lo pueden cambiar los políticos ni prohibir la academia", afirma el escritor Abelardo Castillo.
La advertencia de la RAE apunta al hecho de que el desdoblamiento del genero debilita el idioma y puede acercarnos a ideas contrarias a la no discriminación. "Se extrae una conclusión incorrecta: que el léxico, la morfología y la sintaxis de nuestra lengua han de hacer explícita y sistemáticamente la relación entre género y sexo, de forma que serán automáticamente sexistas las manifestaciones verbales que no sigan tal directriz, ya que no garantizarían «la visibilidad de la mujer» -apuntó Ignacio Bosque, autor del documento-. Si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar."
"No creo que desdoblar el femenino y masculino sea un avance en materia de integración. Más bien, me parece un tinte extremista. Usar el «todos y todas» no suma nada. En cambio, decir que no usarlo es discriminar me parece un disparate", consideró el periodista Nelson Castro.
En el ámbito diplomático, las disquisiciones lingüísticas de este tipo llevan décadas de retraso. "Así, por ejemplo, a una mujer que ejerce la representación diplomática de un país se la llama la embajador María de los Santos, ya que la embajadora es la esposa del embajador", explica el actual embajador argentino en Italia, Torcuato Di Tella. "¿Cómo se llama al esposo de una mujer embajador", es la pregunta obligada. "No tiene nombre. Es el consorte o algo así", dice.
"También hablamos de la consejero, la secretario… No tiene mucho sentido. Creo que está bien que se tome en cuenta tanto al hombre como a la mujer en el discurso, pero no hay que obsesionarse demasiado. Yo trato de usar una vez el masculino y otra vez el femenino, pero el riesgo es deformar la gramática. No hay que forzar las cosas. No creo que sea necesario evitar el masculino como genérico", agregó Di Tella.
CULTURA MACHISTA
"Yo soy escéptico de la supuesta positividad del mecanismo. Me parece más bien un esfuerzo para darle visibilidad a la mujer en una cultura machista. Pero es una farsa, es retórica vacía. Lejos de mejorar la situación de discriminación, es cumplir con una forma. Una consigna que deja satisfechos a algunos, pero no cambia las bases de desigualdad. Creo que es el perfume de la época que encarna el progresismo y en particular el Gobierno. Golpearse el pecho y hablar de la igualdad, en lugar de proporcionar igualdad. Es sólo maquillaje contemporáneo", dispara el periodista Pepe Eliaschev.
"Es más que un problema lingüístico: es cultural. Nosotros nos apropiamos del significado de la palabra «hombre», que es un término que incluye a varones y mujeres. Es más una cuestión de significantes que de términos -apunta el dramaturgo y novelista Carlos Gorostiza-. Un hecho humano tiene que ver con hombres y mujeres. Por eso se ha falseado el significado de «hombre».

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