6 abril, 2025

Boudou, obsesionado por el caso y las intrigas internas

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Pasa horas enfocado en los avatares de su caso. Busca respaldo en contactos reservados, intenta desentrañar traiciones internas y monitorea en detalle la estrategia legal que delegó a un equipo de letrados encabezado por Eduardo Durañona. Ese abogado lo patrocinó, con relativa suerte, en varios expedientes judiciales, como el que lo investiga por la compra de un auto Honda Civic con papeles falsos.
Sacudido por el affaire de la ex imprenta Ciccone, Amado Boudou sintió un ligero alivio recién el jueves pasado, cuando la Presidenta decidió darle apoyo concreto desde el Gobierno. Había pasado ya un mes del estallido del escándalo. La jugada comenzó a delinearse, ese mismo día, en una mesa de cuatro participantes: repasaron la delicada situación Cristina Kirchner; el vicepresidente; el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, según reconstruyó LA NACION de fuentes oficiales.
La razón de la intervención era lógica. Boudou había montado, en soledad, una defensa mediática poco sólida, que pegó el máximo resbalón cuando el miércoles, en menos de 24 horas, pasó de afirmar que nunca había intercedido en favor de la compañía a admitir que había elevado una nota de recomendación para su continuidad ante la AFIP. Justo por la tarde, previo al cambio de postura, había comenzado a circular extraoficialmente el documento que llevaba estampada su firma. Eso, acaso, apuntala la hipótesis del vice: desde un sector del Gobierno brota información para perjudicarlo.
Preocupada por el impacto del avance de la causa judicial, la Presidenta rediseñó la táctica y, después del prolongado silencio de la Casa Rosada, ordenó a Echegaray brindar una conferencia de prensa con explicaciones técnicas del rol de la AFIP y, a la vez, intentar desvincular a Boudou de la trama. Se sumarían, aunque dosificadas, otras voces de sostén.
Nada hace prever que el vice bajará su perfil: seguirá con asistencia perfecta a actos oficiales y, de hecho, mañana incursionará en la provincia de Buenos Aires, de la mano del vicegobernador, Gabriel Mariotto, y referentes de La Cámpora. Compartirán, en Azul, una ceremonia por el 39° aniversario de la elección que ungió como mandatario a Oscar Bidegain, en 1973.
SOSPECHAS INTERNAS
Con el humor caldeado, Boudou reparte sus tareas entre su despacho en el Banco Nación y la remodelada oficina del Senado. En los últimos días, transmitió a los interlocutores que allí recibió la misma impresión: siente respaldo presidencial, pero se enreda en intrigas sobre el resto.
La paranoia se potenció durante la Asamblea Legislativa, cuando arrojaron desde el segundo balcón, de espaldas al estrado, billetes con el rostro del vice, la inscripción "Banco Central de la Guitarra" y la leyenda de "Boudou miente".
Convencido de que el autor fue de la propia tropa, hubo malestar incluso con el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, por no haber garantizado un operativo más estricto.
Mira con recelo, además, al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ingenioso en el uso de cotillón. Con poder reforzado, no disimula su encono con Boudou y despotrica por haber quedado envuelto en el caso Ciccone al anular un contrato de alquiler que tenía con Boldt, empresa que desde el Gobierno vinculan con Eduardo Duhalde. Desde la Secretaría de Defensa de la Competencia, bajo su órbita, ya aportaron documentación en la investigación que comanda el fiscal Carlos Rívolo.
Las sospechas sobre el "goteo" informativo no terminan allí: incluyen al secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa -que antes del desembarco de Boudou tenía injerencia en la Casa de la Moneda, clave para la impresión de billetes-; al senador Aníbal Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Los dos últimos, desde sus cargos en el Gabinete, sellaron contratos con la ahora cuestionada Boldt.
"El clima está raro. Néstor administraba las internas. El las fogoneaba, pero ponía límites", describió a LA NACION un funcionario.
Para abajo, Boudou arma su propio esquema de contención. Más allá de que la relación estaba desgastada, aguarda que Benigno Vélez, hombre de su riñón que abandonó el Banco Central en medio de la polémica, sea reincorporado pronto en un puesto de baja exposición en el Banco Nación. El funcionario, de vacaciones forzadas, apaciguó algunas tardes de espera en el parisino bar Torcuato y Regina, frente a la plaza San Martín, cerca de su departamento y lejos del vendaval que azota a su amigo..

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