No cesa la sangría de televidentes del Fútbol para Todos
Nunca el subsidio a los clubes de fútbol tuvo una razón lógica; fue una decisión política en medio de una larga guerra, que aún hoy continúa, con el Grupo Clarín.
La promesa que los fondos que se iban a destinar a ese fin no generarían un costo para los argentinos no se cumplió. Por el contrario, los montos que se destinaron se vieron incrementados desde el inicio hasta ahora, e incluso se desconoce cuántos recursos realmente el Estado destina.
No puede olvidarse que ya en 2009/2010 el Estado gastaba por la transmisión de cada fecha, 257% más que lo que gastaba Torneos y Competencias cuando transmitía el Fútbol de 1ra. A.
1 móvil con 8 cámaras sumaba $ 19.160 para TyC mientras la Jefatura de Gabinete pagaba $ 88.050 por el mismo servicio.
Ningún país del mundo subsidia el fútbol profesional. La Argentina, es la excepción. Una excepción inentendible ya que todos los argentinos sin discriminación de bolsillo aportan, miren o no los encuentros por TV, de igual forma.
Un tributo que pagan por igual el 7% que gana $45.000 y más por mes, como el 47% de la población que solo percibe de $ 3.500/mes para abajo.
La diferencia entre los que más ganan y los que menos ganan es de 33 veces. Una inequidad social alta, pero la contribución al deporte profesional más popular la pagan todos.
Más de US$ 350 millones/año se estima se lleva el “Fútbol para Todos”. Semejante irracionalidad se torna cruel en tiempos como los actuales donde los ingresos se ven sobrepasados por los gastos, y la economía familiar debe afrontar una inflación creciente con una economía que se enfría.
Las carencias de la población (cloacas, rutas, trenes, salud pública, educación, entre otras) merecerían aunque sea en parte ser atendidas con esos dineros.
El gobierno además emplea enorme cantidad de horas semanales en transmisiones televisivas para hacer de la política comunicacional pública un arma de captura constante de votos o bien promoción de programas tan irreverentes como “6, 7,8” o recordadas convocatorias a marchas de apriete a la justicia.
A semejantes desatinos se debe adicionar un hecho no menor que es la baja audiencia que la mayoría de los partidos congregan; a lo que hay que sumarle que el rating es declinante, como lo marcan los siguientes datos comparativos:
Audiencia promedio 1eras. 9 fechas del torneo Apertura (2do. semestre 2011): 6.6 puntos.
Audiencia promedio 1era. 9 fechas del torneo Clausura (1er. semestre 2012): 4.4 puntos.
Vale decir 220.000 televidentes menos.
La cordura debería ser puesta en marcha por las autoridades nacionales en bien del conjunto social; aunque la sensatez no abunda.