4 abril, 2025

Las caras detrás de la bronca de las cacerolas

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Detrás de las cacerolas hay algo más que indignación. Pasiones, convicciones, temores e intuiciones se entretejen por debajo de los argumentos, dudas y críticas. Un día después de la protesta del jueves por la noche , LA NACION volvió a convocar en la Plaza de Mayo a cuatro manifestantes, para escuchar las voces detrás del ruido metálico.
"Lo que me empujó a la Plaza es la falta de justicia que lacró el menemismo y este gobierno grabó a fuego, con maniobras más burdas", dispara Sergio Koltan, un organizador de eventos de 51 años, que se enteró de la protesta a través de Facebook. Su larga lista de "injusticias" empieza por el caso Skanska y no se detiene hasta el vicepresidente Amado Boudou y el affaire Ciccone.
Separado, con dos hijos y vecino de Palermo, Koltan rechaza que la situación económica o el cepo cambiario lo hayan llevado a la Plaza . "Este año, de hecho, me está yendo mejor", argumenta, para redoblar la apuesta: "Me preocupa la inflación, pero me molestan más las mentiras del Indec, porque podés ser de izquierda o derecha, pero al supermercado vamos todos".
Koltan no votó nunca al kirchnerismo. Tampoco cree que los cacerolazos generen respuestas en el Gobierno. "Porque incluso en los momentos de debilidad redoblaron la apuesta", explica, para volver a hablar de la Justicia. "¿A la gente no le preocupa semejante nivel de impunidad, tan expuesta?", se indigna.
¿Para qué fue, entonces, a la Plaza? "Se llame Cristina o Macri, lo que espero de alguien que se comprometió a gobernar es que piense en el bienestar general. Decime idealista, pero por nada relego mi derecho a disentir. Pienso en mis hijos."
Franciso Keller Sarmiento también piensa en el futuro. Estudiante de 23 años, hace poco que trabaja en una compañía argentina de alcance internacional. Consiguió permiso y volvió a la Plaza. "Pienso en el largo plazo y lo que veo es un gobierno que esquiva decisiones que pueden ser beneficiosas en un futuro porque son políticamente costosas en lo inmediato", dice. Si le piden un ejemplo, menciona el millonario programa Fútbol para Todos. "Es plata que podría ir a educación", explica.
Se enteró de la protesta en la misma página de Facebook y aunque dice que no ahorra en dólares, reconoce que ésa fue la razón que disparó las cacerolas. "Fue la gota que rebasó el vaso, lo que desnuda cierta hipocresía de la clase media", sostiene. Pero reivindica el valor de los cacerolazos: "Facilitan un espacio para que se sume gente con reclamos particulares".
Cree, de hecho, que las manifestaciones pueden servir como un llamado de atención al Gobierno. Pero no es demasiado optimista y piensa en oportunidades en el exterior. "Por suerte sólo viví en democracia, pero tuve a Menem, a De la Rúa y a los Kirchner. Hay que ser muy idealista para esperar algo mejor."
De eso sabe mucho Carlos Bustos, un martillero de 59 años y varias protestas en la espalda, que en 2002 marchó contra Carlos Menem y lo denunció por la cuenta bancaria en Suiza. Hasta intentó fundar un partido político. El jueves fue a la Plaza con su mujer, tres hijos, cuñadas y nueras. "Venir en familia es una forma de involucrarse", explica.
"Veo que se están repitiendo errores y vicios de ese entonces. Tienen que entender que el 54 por ciento de los votos no habilita la corrupción desenfadada", dice, y aunque promete que nunca aceptará el "roban, pero hacen", tampoco perdona a la oposición. Por eso sigue participando en protestas. "El cacerolazo es un límite al poder cuando no hay otros liderazgos ni instituciones que nos defiendan. Algunos amigos me dicen que pierdo el tiempo. Me lo decían con Menem. Tengo nietos. Ya estoy en otra etapa. Pensé que no iba a volver a la calle."
Lo mismo que María Vada, economista y profesora universitaria, de 55 años, que dice haber vuelto a las cacerolas "por hastío a la corrupción, las mentiras, la destrucción de las instituciones". Postula que la afectan la inflación y "la política de espantar extranjeros", para explicar que también se dedica a alquilar departamentos para ejecutivos de otros países. "Desde 2007 que se empezaron a ir del país", explica.
Pero niega haber ido a la Plaza de Mayo por los dólares. "A éstos [por el Gobierno] y sus runflas los conozco de cerca. Imaginate que en Retiro era vecina de Núñez Carmona [por el amigo y socio de Boudou, investigado en el caso Ciccone]."
Así como no tiene reparos en admitir que fue "gorila toda la vida" y en criticar cada detalle -desde los modos hasta la vestimenta- de la Presidenta, Vada no deja de reconocerle "inteligencia y muchas agallas". Por eso se entusiasma con los cacerolazos. ¿Qué espera del Gobierno? "Lo que prometieron en 2003, cuando iban a ser la nueva política."
UNO POR UNO
SERGIO KOLTAN
Organizador de eventos
"Lo que muestran los cacerolazos es que el nivel de tolerancia empieza a bajar. No hay que olvidarse que el 46 por ciento dijo que no."
MARÍA VADA
Docente universitaria
"A mis alumnos les hablo de valores éticos y este gobierno destruye los pocos que no destruyó el menemismo. Fui a la Plaza por hastío a la corrupción, las mentiras."
CARLOS BUSTOS
Martillero
"El 54% no habilita a la corrupción desenfadada. El cacerolazo es un límite al poder cuando no hay otros liderazgos que nos defiendan. O se tiene miedo o se tiene libertad."
FRANCISCO KELLER SARMIENTO
Estudiante y empleado
"El Gobierno escapa a las decisiones que pueden ser beneficiosas en un futuro porque son políticamente costosas en lo inmediato.".

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