5 abril, 2025

SUBE: la contrataron por un millón de pesos, pero nunca se enteró

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"¿Podés creer que nunca vi un peso de la SUBE? Es más: me enteré de que era empleada cuando leí las notas en el diario", dice Marcela Ashley mientras toma el té en un estudio de Recoleta. Da un trago y se lamenta: "Qué vergüenza, por favor. Nunca pensé que iba a estar involucrada en una cosa así. Esto es una historia de Fellini".
LA NACION reveló que Ashley fue contratada en 2011 para supervisar durante diez meses el boleto electrónico, según consta en el expediente de la Secretaría de Transporte. Como "stakeholders management" su sueldo mensual era de 24.300 dólares; su contrato sumó 247.860 dólares.
"¡Mirá si voy a cobrar eso! ¡Ya sería millonaria! Nunca firmé un contrato. Nunca trabajé para Global Infrastructure [la empresa que supervisa la tarjeta]. No entiendo qué pasó", repite Ashley.
En diálogo con LA NACION, Ashley explica que Stephen Chandler, jefe del control de la SUBE, le ofreció "el trabajo soñado": implementar la Oyster card [la tarjeta del transporte de Londres] en Buenos Aires. Un alto cargo gerencial como número dos de Global Infrastructure (GI), la empresa que supervisa la SUBE, con decenas de viajes a la capital británica pagos -incluida su mudanza a la Argentina- y un sueldo en dólares. Pero la ilusión terminó de golpe: tras dos años de espera, el consultor inglés -asegura- se esfumó sin dar explicaciones.
"Cuando volví a Buenos Aires y vi esas máquinas en los colectivos no lo podía creer. No tenían nada que ver con la Oyster. «Qué lástima que no le dieron el contrato a Stephen [Chandler]», pensé.
Ashley es especialista en transporte, habla cuatro idiomas, estudió en Estados Unidos y se diplomó en La Sorbona, pero actualmente está desocupada. Vivió cuatro años en Inglaterra y trabajó en el London Underground hasta que, en 2011, ésta inconclusa promesa laboral -sostiene- terminó con su estadía.
"Me imaginé que Chandler no había ganado la licitación. Que le daba vergüenza decírmelo después de tanto esperar", relata Ashley. Y, entre risas, recuerda su primer contacto con la SUBE: "Cuando volví y vi esas máquinas en los colectivos no lo podía creer. No tenían nada que ver con la Oyster. «Qué lástima que no le dieron el contrato a Stephen [Chandler]», pensé".
Su sonrisa se transformó en un segundo. Con el ceño fruncido, lanza: "Me quería morir cuando veía colas desde las cuatro de la madrugada para conseguir la tarjeta. En Londres jamás vi a la gente muerta de calor matándose por la Oyster, ni tener que mostrar su documento para que te la den".

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