Volvía de una fiesta, la encerraron en casa rodante y abusaron de ella

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). Camila fue abordada por tres jóvenes que tras engañarla, la metieron en un “motorhome” y se turnaron para ultrajarla. “Me destruyeron como persona y como mujer”, posteó en sus redes.
Hizo la denuncia en la Comisaría 1 de Berazategui aunque “estaba mal hecha y la querian archivar”. También tuvo que escuchar que como no había habido penetración, la situación parecía, “menos grave”. En el medio Camila, con sus 17 años, fue abusada sexualmente pero además tuvo que atravesar el destrato y el ninguneo. También debió investigar por su cuenta porque los tiempos de las justicia no suelen ir de la mano de las víctimas.
Camila, por eso, hizo público su caso en un “hilo” de Twitter. Encontró allí su lugar para descargar la impotencia que sentía.
“Hoy me abusaron, me encerraron en una casa rodante. Eran 3, 2 de ellos me abusaron. Me resistí y dije que no, repetidas veces; aunque, un no, tendría que haber bastado. Me pude escapar. Capaz hoy no la contaba. Y acá estoy pidiendo justicia.#NiUnaMenos # Berazategui”, comenzó relatando.
Pero más allá de las redes, en diálogo con crónica.com.ar revivió los momentos más duros y detalló el horror que le tocó vivir. “El sábado 29 volvía de una fiesta eléctronica en Quilmes. Tipo 6 me tomé el tren hasta Berazategui donde vive mi abuela porque me sentía mal, mareada, descompuesta y ella iba a ser la única despierta a esa hora”, contó.
“Cuando bajo del tren llego a la Plaza de los Bomberos que queda al lado de la estación, vienen tres chicos mayores de edad y me dicen ‘porqué estas sola porqué lloras ¿te sentis mal?’ y se sentaron conmigo “para ayudarme, para hacerme compañía”, continuó.
“Uno era amigo de un conocido mio por eso les tomé confianza, Me dijeron que me iban a acompañar a 3 cuadras, donde vivía la abuela de uno de ellos, para recomponerme y que después me acompañaban de mi abuela para no ir sola”, agregó en diálogo con este medio.
Pero la intención de los hombres claramente era otra. “Empezamos a caminar y a la altura de la calle 144, entre 11 y 12, veo como una casa rodante. Uno dice ‘ese es como mi quincho’ pero cuando entro estaba todo vacío: había una mesa y una cama sin colchón”, detalló.

Ahí, continúa Camila “cierran la puerta y otro se queda afuera. Los que entraron me manoseaban y yo les decía que pararan que no me sentía bien. Fue ahí que uno le pidió al amigo que saliera ‘así la convenzo’ pero cuando cerró la puerta se trabó, hicieron ruido y eso parece que alertó a los vecinos”.
Allí comenzó la parte más dura de su relato. “El pibe se sacó la ropa interior y me empezó a pasar el pene en la mano en todos lados. Le decía que no, me levantaba las piernas y me quería llevar a la cama. Me apretaba contra el. Me tocaba, me besaba, me trató de bajar el pantalón. También me sacó el teléfono para que no pudiera usarlo”.
Mientras trataba de ahuyentar a su abusador, Camila intentaba no hacerlo a enojar ni tampoco a los otros dos. “Tenía miedo que se ponga violento y los otros también, me quedé dura. En un momento se va porque escucha un ruido y sale con mi celular. Pero ahí entra el otro pibe y empieza a hacerme lo mismo”.

La irrupción de un vecino terminó por disipar la intención de los abusadores: “En un momento lo agarré del cuerpo y lo corrí. El que me robó el celular salió corriendo y ahi se fueron todos. La casa no era de ellos, era de un vecino. En ese momento se sumaron más personas y me ayudaron: llamaron a la policia, una ambulancia y a mi abuela”
Camila contó que se desmayó cuando llegó la ambulancia. La llevaron al Sanatorio Sábatto donde le tomaron la presión: “estaba muy baja” recordó. Luego hizo la denuncia: “Me la tomaron pero estaba mal hecha y por eso la querian archivar. Mi tía habló con un fiscal y la rehicieron. Está caratulada como “abuso sexual simple”.
Más allá de eso, Camila inició una investigación propia y dio con sus abusadores: “Tienen 19, 18 y 20 años, Averigué todo: sus nombres y sus direcciones pero sin orden no puede hacer nada la policía”. Además denuncia que “el policía de calle le dijo a mi mamá si me creía porque era adolecentes, porque por ahi no era así como habían pasado las cosas”.
Camila va contra viento y marea. Sabe que tuvo suerte, y que el destino, dentro de lo duro de su vivir, le jugó una buena pasada. Pudo contarla y pudo denunciar a sus agresores. Pero sabe que el camino a la Justicia será largo. Por el momento, busca recomponerse y seguir adelante con sus cortos 17 años y su gran entereza.
