El dilema que ya enfrenta Caputo: mantener el dólar alto para sumar divisas o apurar la baja de la inflación

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Polítco ). En su primer encuentro como ministro de Economía ante la Unión Industrial Argentina, Luis Caputo aseguró que uno de los objetivos será mantener un tipo de cambio alto y competitivo. La idea es fomentar las exportaciones y al mismo tiempo que ese dólar elevado actúe como una barrera natural para las importaciones. El razonamiento para un país que precisa que de manera urgente el Banco Central recomponga reservas es impecable, salvo por un detalle: este plan podría atentar contra otro de los grandes objetivos declarados por el Gobierno, que es bajar la inflación.
Caputo dejó en claro en el encuentro con industriales que el dólar oficial se irá adecuando y que el esquema de ajuste al 2% mensual es algo totalmente transitorio. Incluso se dejó trascender que ya el mes que viene ese “crawling peg” podría acelerarse hasta niveles parecidos a la tasa de interés que hoy maneja el propio Banco Central como parte de su política monetaria. Ese rendimiento de los pases pasivos supera levemente el 8% mensual.
El BCRA ya comenzó a acumular reservas, pero a costa de un freno casi total a las importaciones. Para adelante se espera que la futura cosecha de soja y un tipo de cambio alto deriven en un superávit comercial superior a los USD 20.000 millones, que permitirá recuperar reservas a lo largo de 2024
El compromiso de mantener la competitividad cambiaria, sin embargo, podría afectar la batalla contra la inflación que está dispuesto a dar el nuevo Gobierno. El ajuste progresivo del dólar oficial tendría un traspaso a precios, lo que demoraría el proceso de desinflación.
Además, implicaría una suerte de compromiso implícito por parte del Banco Central de comprar dólares para sostener una determinada paridad cambiaria y evitar que el dólar se atrase.
Uno de los casos más emblemáticos en ese sentido fue durante la gestión de Roberto Lavagna como ministro y Alfonso Prat-Gay al frente del Central, luego reemplazado por Martín Redrado. En aquel momento se optó por salir a sostener una paridad cambiaria para evitar que se atrase la cotización, lo que requirió de una fuerte emisión monetaria para salir a comprar los dólares que ingresaban. Pero el resultado terminó siendo una escalada gradual de la inflación, que tocó los dos dígitos anuales en 2007 y ya nunca más cayó.
El equipo económico deberá enfrentar pronto este dilema, porque comprometer un tipo de cambio alto no resulta inocuo en medio del combate contra la inflación. Claro que toda la energía del Gobierno está puesta en llegar lo antes posible al equilibrio fiscal y eliminar de plano la emisión, al menos para financiar los déficit crónicos del Tesoro.