3 abril, 2025

Los límites que enfrenta Javier Milei para avanzar con la ambiciosa reforma política que incluyó en la Ley Ómnibus

CIUDAD DE BUENOD AIRES (Compacto Político).  Javier Milei no le resultará fácil avanzar en el delicado terreno del sistema electoral con la ambiciosa reforma que incluyó en la Ley Ómnibus: necesita de una mayoría agravada, y ni siquiera tiene los votos para la simple que requieren otros cambios del mismo proyecto. Mientras sus espadas en el Congreso se preparan para dar la batalla, con cierto grado de realismo, el Gobierno apunta a un logro parcial en la votación en particular.

Milei, que dedicó su picante mensaje de fin de año del sábado a los legisladores nacionales, está muy interesado en seguir el devenir de las negociaciones en el Congreso, donde se juega la primera pulseada política de su incipiente administración y quiere avanzar a toda velocidad. “Pidió que lo informen con todo detalle sobre lo que está pasando acá”, contaron en el bloque libertario de la Cámara de Diputados.

Milei recibió a los gobernadores en busca de apoyos legislativos. Cree que puede alcanzar una mayoría simple pero no una especial. Milei recibió a los gobernadores en busca de apoyos legislativos. Cree que puede alcanzar una mayoría simple pero no una especial.

En especial, la medida generó alarma por la prerrogativa que le otorga el proyecto al Ejecutivo para armar las eventuales circunscripciones, lo cual podría incidir de manera indirecta en los resultados. La maniobra, largamente estudiada en la literatura politológica, se describe con el término gerrymandering, acuñado a partir del apellido del gobernador de Massachusetts Elbridge Gerry, que en 1812 unificó varios distritos de manera discrecional con el fin de obtener una banca.

En la Casa Rosada dieron algunas señales de los argumentos que usarán para defender la medida: “Ojo que la desventaja puede ser para Milei, que tiene un partido chico”, advirtió un ministro. Y aseguró que quieren cambiar el sistema desinteresadamente, sólo con el fin de “acercar al pueblo a los políticos”, en línea con el discurso libertario anti-casta que aplicaron durante la campaña y sostienen en la gestión.

Factibilidad

Si bien defienden el cambio en el sistema de votación, en reserva admiten que es el aspecto menos factible de la batería de medidas. “Estamos negociando con todos, y tenemos entre 38 y 40 diputados propios, según el día”, dijo un funcionario, con ironía. Y luego admitió lo obvio: “No tenemos el número”. Más allá del poroteo, sin embargo, vislumbró “un consenso hacia el cambio” en el largo plazo. “Esta elección demostró que los jóvenes tuvieron mucho protagonismo y quieren otra cosa”, dijo.

Mientras intenta ganar tiempo antes de que sus altos niveles de imagen positiva empiecen a caer, como auguran en el Gobierno, Javier Milei decidió establecer su posicionamiento político mostrando los dientes, inclusive a los aliados de Pro, que aún están dispuestos a apoyarlo pero cada vez más muestran sus resquemores. “Parece como si no quisiera que las políticas salgan”, opinó un funcionario macrista de la primera hora, molesto por el uso de un DNU para aplicar reformas estructurales que fue reprobado no sólo por la oposición, sino por constitucionalistas que fueron muy críticos del kirchnerismo y tiene un porvenir oscuro casi asegurado si llega a la Corte Suprema. También sospechan de la estrategia detrás de la amplitud y profundidad de la ley “Bases de la Libertad”, que le entregó la semana pasada el ministro del Interior, Guillermo Francos, al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, en mano y en formato de papel con una cuidada puesta en escena.

Algunos aliados amarillos sospechan que el Gobierno hizo caso omiso a los pedidos para presentar en varios paquetes las leyes o transformar el DNU en un proyecto de ley, como propusieron los radicales, porque en realidad no tiene intenciones de negociar una aprobación en la instancia legislativa. Así, auguran que planea avanzar con un nuevo DNU o inclusive, un plebiscito, con el argumento de que “la casta” no quiere ayudarlo. “Mandaron algo invotable y pidieron sesiones por sólo un mes. Van a poner la excusa de la emergencia y de que ya probaron, para legislar por decreto, que es lo que querían en primer lugar”, profetizó, con alarma, un dirigente simpatizante de Milei que se desencantó con las primeras medidas.

Milei rechazó a Cristian Ritondo como presidente de la Cámara, como pedía Macri. En cambio, designó a Martín Menem. Milei rechazó a Cristian Ritondo como presidente de la Cámara, como pedía Macri. En cambio, designó a Martín Menem.

El propio Milei mencionó un plebiscito, pero después en el Gobierno relativizaron la referencia. El vocero Manuel Adorni dijo que había sido una “amable respuesta” a una pregunta del periodista Luis Majul durante una entrevista, pero que no estaba en sus planes. Ante una consulta de Infobae, un funcionario se encargó de bajar el tono, también, a las acusaciones contra los miembros del cuerpo legislativo, a quienes el jefe de Estado acusó de recibir coimas. “Hizo una alusión, pero no fue general sino sobre aquellos que plantean una oposición sin leer”, respondió.

Sin embargo, el sábado por la mañana el jefe de Estado redobló la apuesta en su activa cuenta de Twitter. “Que no se nos interponga la casta delincuente que busca coimas”, dijo, y dio por tierra los intentos de sus allegados para suavizar la relación con los legisladores.

Mientras tanto, en el Gobierno aseguraron que no decidieron aún si están dispuestos o no a prorrogar las sesiones extraordinarias. Pero rechazaron de plano la posibilidad de que el debate se extienda por tres o cuatro meses, como advirtieron desde los bloques críticos no kirchneristas. “Las fijamos en un mes justamente para que se apure la discusión”, dijeron cerca de Milei.

Desde el máximo puesto del Estado, el líder de La Libertad Avanza (LLA) intenta diferenciarse de “la casta”. Y algunos legisladores aliados dicen que pueden entender ese estilo, que le resultó efectivo para llegar al poder. Sin embargo, los inquieta la posibilidad de que esas formas escalen en una forma de ejercerlo y deriven en una práctica totalitaria. Otros, menos preocupados, entienden que el DNU y el abarcativo proyecto de ley ómnibus, la reticencia a hablarles en la Asamblea Legislativa y las acusaciones infundadas sobre el cobro de coimas son parte de una estrategia de negociación.

“Nos está castigando un poco, veremos si afloja la cuerda para negociar. Porque va a tener que negociar”, dijeron en el bloque que conduce Cristian Ritondo. “La lógica que aplica es conocida: amenazar y después reconstruir. Ser lo más extremo posible ahora, porque después va a tener un año y medio para negociar antes de las elecciones. Es la inversa de lo que hizo Macri cuando llevó a Massa a Davos”, dijo un legislador. Y aplicó el mismo razonamiento sobre el aspecto económico de la gestión: “Está exagerando, mostrando lo malo, que la Argentina está destrozada y todo se cae. Desde ese punto de vista, sólo se puede mejorar”.