5 abril, 2025

El blindaje era trucho… y ahora hay que explicarlo

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La economía es el tema. A Cristina, la economía le permite ganar en las urnas. Pero la pregunta es cómo seguirá la economía después de las urnas. En general, los ciudadanos argentinos aceptan ver lo evidente solamente cuando les conviene. Ya ocurrió con el Plan Austral y también con la Convertibilidad. Por lo tanto, no hay inocentes en esta historia. Que cada uno se haga cargo, y eso incluye a los volátiles productores agropecuarios por quienes no habrá lágrimas si ocurre algun cambio en el sistema de comercialización muy previsible por cierto.
En tanto, el Frente para la Victoria, al sentirse ya seguro en las urnas, inicia un cambio en su discurso sobre la economía, pero eso no quiere decir mucho porque
> o no saben por dónde continuar con un modelo que, en verdad, organizó Roberto Lavagna y los Kirchner solamente le agregaron el robo expropiatorio a los ahorristas del sistema previsional por capitalización (Amado Boudou) + el afano intelectual de la asignación universal por hijo a Elisa Carrió,
> o no están dispuestos a modificar nada más allá del discurso.
En cualquier caso, vamos a los recortes de los principales diarios
Alfredo Zaiat en el diario Página/12 (a menudo guitarrista, a veces payador, es el periodista preferido de Cristina Fernández en temas de economía), quien evidentemente padece una falta de memoria o es hipócrita. Abundan las menciones meses atrás acerca del supuesto blindaje de la economía argentina:
"Una conducta que ha pasado a ser usual en el análisis económico convencional es la de crear la propia crítica.
Desde hace un par de semanas se insiste diariamente con que la economía argentina no está blindada a la crisis internacional, como estaría difundiendo el Gobierno.
No hay registro de semejante arrogancia, incluso el término “blindaje” fue rechazado con la calificación “horroroso” por el ministro Amado Boudou. Resulta evidente que una desaceleración de la economía mundial afectará el nivel de actividad doméstica, del mismo modo que una recuperación también tiene su impacto.
Es un debate soso que la corriente conservadora replica con una pasión que se confunde con el deseo de que finalmente estalle la crisis interna tantas veces anunciada y no confirmada en los hechos.
En la práctica, el estancamiento de la economía estadounidense y europea se está arrastrando desde 2008 con un leve respiro el año pasado. En éste se ha agravado y las economías latinoamericanas lo han estado transitando mostrando inéditas resistencias, destacándose la argentina por su elevada tasa de crecimiento. Se presenta más desafiante precisar entonces cuáles son las condiciones de la economía local para amortiguar los costos ineludibles de una eventual recesión en Estados Unidos y Europa. Detectarlas sería más provechoso que alertar sobre variables que, si bien son las más populares (dólar y soja), son las principales fortalezas de la administración kirchnerista para navegar en aguas tormentosas. (…)
El rubro más dinámico del sector industrial argentino es el automotor y sufrirá si la economía brasileña desacelera su ritmo porque disminuiría la demanda de autos.
Una señal en ese sentido fue en septiembre, cuando las ventas internas en el mercado brasileño bajaron 4,8% respecto del mes anterior. A esa plaza se destina el 81,2% de las exportaciones de autos.
A comienzos de año ya hubo un intento por frenar los ingresos de autos argentinos a partir de la aplicación de licencias no automáticas y la crisis internacional podría llevar a que se incremente ese tipo de trabas. En conjunto, las exportaciones representan el 55,5% de la producción nacional. La eventual evolución de Brasil es el elemento más inquietante para la economía argentina."
Mucho más interesante es, habitualmente, leer a Néstor Scibona, hoy en el diario La Nación:
"(…) La tendencia a dejar pendiente toda definición para después del 23 de octubre -o, peor aún, hasta el 10 de diciembre- aumenta los niveles de incertidumbre acerca del futuro económico. Máxime cuando algunas señales alertan sobre la menor intensidad del viento externo a favor que beneficia a la Argentina.
La soja cotiza US$ 100 menos la tonelada; se desacelera la actividad industrial en China; otro tanto ocurre en Brasil, que además devaluó 15% el real, y en septiembre se redujo por primera vez en el año la exportación de automotores argentinos (19% con respecto a agosto y 11,4% en relación con el mismo mes del año anterior). Ninguno de estos factores pone en peligro el alto crecimiento del PBI en 2011 (7/8% anual), sostenido por el fuerte impulso al consumo interno. Pero amenazan con "descremarlo" para el año próximo.
Por ahora, el Gobierno actúa como si no pasara nada en el frente externo (a costa de perder reservas) y en el sector privado no marcan tendencia algunos incipientes reacomodamientos de producción exportable. Lejos de los micrófonos, unos rezan por una cosecha récord, con lluvias tranquilizadoras como las de este fin de semana, y otros, para que se frene el deterioro del tipo de cambio real, con un peso apreciado (dólar barato) debido a la inflación. Y ambos para que la economía mundial no reedite la depresión de 2009 y, por lo menos, se estabilice un pronóstico de crecimiento más lento.
En este escenario postelectoral, una incógnita es si la persistente salida de capitales se frenará por las buenas (con un programa económico creíble) o por las malas (con controles o desdoblamientos cambiarios). Otras, si el gobierno sincerará y buscará bajar gradualmente la inflación, a costa de resignar recaudación impositiva, y si atacará sus causas (las políticas expansivas con acelerador a fondo) o sus efectos (con más controles, trabas y subsidios). La opción que elija será clave sobre la inversión necesaria para sostener el crecimiento.
Un salto devaluatorio a secas, sin un programa por detrás, sólo provocaría un efecto contrario en ambos sentidos. También está pendiente de definición un probable recorte de subsidios estatales, pero a costa de ajustes de tarifas cuyos alcances son otra incógnita; sobre todo, cuando prevé prorrogar la ley de emergencia económica por noveno año consecutivo.
A esto se suma que si el gobierno debiera contrarrestar un eventual freno externo con nuevos estímulos a la demanda interna, dispone de menos "colchones" (fiscal, monetario y cambiario) y se vería obligado a hacer la sintonía fina que evitó en épocas de vacas gordas.
Paradójicamente, uno de los instrumentos que podría aportar certezas para el año próximo sería asegurar el cumplimiento del Presupuesto 2012, que incluye pautas más prudentes de expansión del PBI (5,2%) y del gasto público (18%).
Pero los antecedentes del oficialismo en materia presupuestaria (así como el hecho de que sólo una quinta parte del gasto es flexible) desvirtúan esa expectativa, lo mismo que la previsión inflacionaria de 9,2% anual, que tiende a convertirlo en otro dibujo como en los ejercicios anteriores. Aquí también el debate legislativo se perfila para convertirse en otro contrapunto estéril entre guitarreros y payadores."
Eugenio Paillet, en el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
"(…) el gobierno se vio obligado a abandonar paulatinamente, y con algún disimulo, el discurso triunfalista que aseguraba que la Argentina se encontraba blindada frente a lo que ocurre en el Viejo Mundo y aun en los Estados Unidos, pese a algunos síntomas de recuperación que experimentó, en los últimos días, la economía norteamericana.
Desde aquel reto (se dice en los pasillos) de Boudou a Aníbal Fernández por haber reconocido en su columna televisiva que el país no está a salvo de aquellos remezones, el gobierno viró casi en redondo, hasta llegar a las palabras del viceministro de Economía, Roberto Felletti, quien, en el Congreso, advirtió que el crecimiento de la economía puede verse afectado en el segundo semestre de 2012. Imposible creer que el segundo hombre del Palacio de Hacienda haya hablado por las suyas o sin el consentimiento de su jefe y de la misma presidenta.
(…) La caída del precio internacional de la soja, la pérdida constante de reservas y la fuga de capitales, que sólo en lo que va del año alcanzó los US$ 18.500 millones , se suman a otros males, como la temible posibilidad de que Brasil retraiga su economía y termine de complicar un panorama sobre el que también han comenzado a advertir analistas y empresarios.
Más allá de los aprietes que, se dice en los pasillos, sufrió Ignacio de Mendiguren, para que modificara su pesimismo inicial respecto de los efectos de la crisis en estas tierras. O de las mismas presiones que Guillermo Moreno habría ejercido sobre la automotriz Fiat, para que diera marcha atrás con el plan de suspensiones y freno de la producción que la firma italiana había puesto en marcha.
Puede decirse que, en el gobierno, entonces, existen dos planos de análisis.
Uno, el económico, que refleja el momento actual. Y que promete ajustes no deseados que perjudicarán a buena parte del arco social, pero recién bien entrado el año venidero, y que se traducirían en el encarecimiento del precio de los servicios y del transporte.
Y el otro, el político, que planea para los próximos cuatro años, aunque con la mirada puesta mucho más allá, como lo demuestra aquel estudio de los papeles que acerca Zaffaroni. (…)".
N. de la R.: Paillet se refiere a la información que ofreció al comenzar su columna:
"Cristina Fernández se llevó a su descanso de fin de semana largo en Río Gallegos un trabajo que le entregó, horas atrás, Eugenio Zaffaroni. El juez de la Corte Suprema, quien se reunió al menos dos veces, en la semana, con la presidenta, en la residencia de Olivos, ha acelerado los borradores alrededor de su proyecto de reforma constitucional para instaurar en el país un sistema parlamentario de gobierno, que, entre otros aspectos, le abriría las puertas a ella para aspirar a una segunda reelección, en 2015."

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín:

"Cristina Fernández está enamorada de su modelo económico. A Raúl Alfonsín le ocurrió algo similar con el austral. Carlos Menem fue leal a la convertibilidad y con ese programa exhausto permaneció hasta su último día en el poder. No se pretende establecer ninguna simetría entre esos planes. Tampoco entre los tiempos políticos bien distintos, durante los cuales se desarrollaron.
Pero pareciera descubrirse un denominador común en aquellos líderes: cierta incapacidad de reacción frente a las advertencias recurrentes de la realidad; el temor quizá de hurgar en los cimientos de lo que representa para todos ellos, antes y ahora, el mayor capital político.
El plan Primavera de Juan Sourrouille asomó estéril como correctivo para que el alfonsinismo no terminara corrido por la hiperinflación. Domingo Cavallo sorteó las crisis mexicana, la rusa y la devaluación de Brasil. Pero lo hizo propinándole un costo productivo y social gigantesco a la Argentina. Le entregó, además, al gobierno de la Alianza una bomba de tiempo que Fernando de la Rúa nunca supo desactivar.
La Presidenta insinuó la necesidad de algún diálogo político y social frente a la crisis internacional después de su torrentosa victoria de agosto. Los Kirchner hicieron varios amagues de ese tenor, incluso cuando fueron derrotados.
Pero jamás los cumplieron . Apenas fuegos de artificio que, en muchos casos, sólo sirvieron para encandilar y confundir a la oposición. Después de aquella insinuación, Cristina y su gobierno volvieron a exhibirse refractarios a los posibles riesgos de la crisis.
Las aguas de esa crisis ya humedecen las costas de nuestro país.
Hay señales palpables.
En Santa Fe, Hermes Binner subrayó dos aspectos: la sensible baja del precio internacional de la soja y restricciones en el comercio con Brasil, que impactan en la industria automotriz y metal-mecánica.
Por ese atrevimiento el gobernador socialista y candidato presidencial sufrió el destrato kirchnerista. Cristina lo omitió en su paso por Venado Tuerto, en un acto que montó la Casa Rosada por su cuenta con el desembarco de 150 funcionarios.
(…) El economista Carlos Melconián estimó la semana pasada que cada caída de US$ 50 en la tonelada de soja implica para el Estado un menor ingreso cercano a los US$ 2.500 millones anuales. Pero la soja es apenas una de las manifestaciones de la crisis mundial en curso. La fuga de capitales es quizás otra más grave , a un ritmo que ya se arrima a los US$ 3.000 millones mensuales. También la persistente tendencia social a la dolarización, pese a que el año electoral carece de secretos."
Mariano Grondona en el diario La Nación:
"Siempre se supo que el modelo económico impulsado por la Presidenta se agotaría en el mediano plazo -digamos, de aquí a dos años-, pero las nuevas dificultades económicas, entre las cuales sobresalen la caída en el precio de la soja y la retracción del mercado brasileño, que ya ha provocado suspensiones de turnos laborales en nuestras industrias automotriz y textil, han generado el temor de que esas dificultades se adelanten en dirección al corto plazo.
Este nuevo plazo no será tan corto como para perturbar la situación económica antes de la reelección presidencial del 23 de este mes, pero será lo suficientemente corto como para obligar al Gobierno a revisar su estrategia económica inmediatamente después de los comicios. ¿Hacia dónde se dirigirá esta revisión?
Para responder a esta pregunta, hay que despejar dos cuestiones previas.
La primera, en qué consiste el modelo económico de la Presidenta.
La segunda, en qué consiste la estructura política del movimiento peronista que ella conduce, hoy, en forma excluyente.
Una vez despejadas estas dos incógnitas, quizá sea posible anticipar el cambio, hacia el centro o hacia la izquierda, que madura en la mente de Cristina Kirchner.
Empezando por el modelo económico populista vigente, podríamos definirlo diciendo que implica el énfasis en el consumo a través de la multiplicación de los subsidios de toda índole, con olvido de las inversiones y las exportaciones de las cuales depende el verdadero desarrollo económico. Esta acentuación del consumismo a costa del desarrollo nunca fue sustentable en el mediano plazo, pero las nuevas dificultades económicas que venimos de mencionar están convirtiendo al mediano plazo en corto plazo, como ya dijimos, poniendo así al Gobierno en una situación vecina a la emergencia. (…)"
Antonio Rossi en el diario Clarín explica algunas de las inconsistencias concretas del modelo de Cristina:
"(…) De acuerdo con los datos obtenidos por Clarín, entre los subsidios de las tarifas y las compensaciones por el precio del gasoil (pagos que antes iban a las petroleras y ahora cobran directamente), las líneas urbanas de colectivos recibieron el mes pasado un total de $ 1.105 millones para cubrir los costos operativos y salariales que no pueden afrontar con los ingresos provenientes de la venta de boletos.
Pese al discurso oficial que busca minimizar la magnitud de los recursos en juego, los subsidios al transporte público de pasajeros constituyen un serio problema fiscal que, en el corto plazo, obligará al Gobierno a tomar medidas de fondo para empezar a corregir la situación y cortar su meteórico crecimiento .
En el caso específico de los colectivos, los datos de septiembre muestran que el Gobierno ya está gastando cada día un promedio de $ 36,8 millones para que no aumenten las tarifas de los servicios de corta y media distancia.
Otro dato que pinta la real dimensión presupuestaria que adquirieron los subsidios se encuentra en el cotejo de las cifras de los últimos años. Durante todo 2004 , la asistencia económica para el conjunto del transporte público que comprende a los colectivos, subtes y trenes fue de $ 1.086 millones. Ahora, un monto similar alcanza apenas para cubrir los subsidios de un mes y de un sólo modo de transporte como es el colectivo.
Además, comparando con septiembre de 2010, los fondos que recibieron el mes pasado los autotransportistas subieron casi un 60% por los mayores costos de operación y la compensación por los aumentos del precio del gasoil.
Si bien el Gobierno no brinda una información sistemática y unificada sobre los subsidios al transporte, los datos de algunas áreas oficiales y de las empresas del sector permiten seguirle el rastro a los distintas compensaciones económicas que afronta el Estado. (…)".

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