5 abril, 2025

AMIA a 29 años: Lo viví de cerca (pude haber muerto, hoy puedo contarlo)

A los 15 minutos del atentado, ya estábamos todos frente a la sede de la AMIA. El Congreso se encuentra a apenas 7 cuadras. Raúl Graneros, Enzo Campetella, Néstor Boela, entre los que me vienen a la memoria. Enseguida Néstor empezó a filmar ya que junto a Enzo cubrían la corresponsalía de Canal 10 de Río Negro. Sus imágenes recorrieron el mundo porque fueron las primeras en tomarse.

Todo era un caos. Todo era confusión. Ambulancias, policías a granel, uniformados y de civiles. Tal era el descontrol que los patrulleros no dejaban ingresar a las ambulancias que intentaban rescatar a los heridos enterrados bajos los escombros del derrumbado edificio judío-argentino.

Ayudábamos como podíamos. El Hospital de Clínicas se encuentra a 1 cuadra. Todavía recuerdo las imágenes de personas corriendo con camillas llevando personas heridas.

Con Graneros buscábamos testimonios. Hubo algo que nos llamó la atención. Parado frente al edificio derrumbado estaba Aldo Rico, por aquel entonces Diputado de la Nación por el Movimiento por la Dignidad y la Independencia (MODIN), con una campera marrón oscuro y un pantalón azul.

Aldo Rico

Quisimos hacerle un reportaje, habló poco y se lo notaba muy nervioso. Nos dijo que, casualmente, estaba tomando un café cerca cuando se enteró de lo ocurrido.

En diciembre de 1995, el juez Juan José Galeano, que tenía a su cargo la investigación del atentado, descubrió en Campo de Mayo que una banda de civiles y militares se dedicaba a robar armas y explosivos del Ejército para venderlos ilegalmente.

A partir de esa pista, Galeano llegó hasta una casa de Bella Vista que no pudo allanar porque pertenecía al  ex diputado del MODIN Emilio Pedro Morello, mano derecha, por aquel entonces de Aldo Rico. Morello terminó su mandato en diciembre de 1997.

En agosto de 2022, el Tribunal Oral Federal 2 de la ciudad de Buenos Aires condenó a prisión perpetua al ex subteniente integrante del Regimiento de Infantería 6 de Mercedes, Emilio Pedro Morello, que reside desde hace años en Bariloche por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. Morellos y Rico  se levantaron en armas contra el gobierno de Raúl Alfonsín durante las asonadas carapintadas y hasta llegaron a ser diputados nacionales por el partido MODIN. Por el tema AMIA, todo quedó en la nada.

Emilio Pedro Morello

 A 29 años después, el peor atentado terrorista que vivió la Argentina está impune. Las víctimas están cansadas de seguir esperando Justicia. Si hasta las últimas novedades sobre la orden de captura de cuatro nuevos sospechosos se oyeron con desgano y recelo. Hace un mes, el juez federal Daniel Rafecas hizo lugar al pedido que venía motorizando Basso desde fines del 2022 y firmó la orden de captura nacional e internacional de Hussein Mounir Mouzannar, Alí Hussein Abdallah, Farouk Abdul Hay Omairi y a Abdallah Salman (alias) José El Reda, cuatro miembros de Hezbollah, sospechados de haber prestado su colaboración para la voladura de la AMIA. Los tres primeros residirían en las zonas de la Triple Frontera, entre las ciudades de Foz de Iguazú y Ciudad del Este.

La causa sostiene que la explosión fue ideada y preparada por quienes por entonces ejercían el poder en la República Islámica de Irán, y que fue ejecutada por la organización terrorista libanesa Hezbollah. Hay ocho pedidos de captura sobre los sospechosos que se resisten a ser indagados por los tribunales argentinos. Algunos de esos imputados, sobre los que pesan cinco alertas rojas de Interpol renovadas hasta 2027, circulan por el mundo sin ser atrapados gracias a pasaportes diplomáticos.

La Justicia argentina sostiene que los funcionarios iraníes considerados responsables de decidir, planificar y ejecutar el ataque fueron: Alí Akbar Hashemi Bahramaie Rafsanjani (a la época de los hechos presidente de la República Islámica de Irán), Alí Fallahijan (por entonces Ministro de Información iraní), Alí Akbar Velayati (en aquel tiempo Ministro de Relaciones Exteriores de la nación persa), Mohsen Rezai (por entonces a cargo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria “Pasdaran”), Ahmad Vahidi (en aquella época a cargo de la fuerza de elite “Al Quds” perteneciente a la Guardia Revolucionaria), Mohsen Rabbani (al tiempo de los hechos Consejero Cultural de la Embajada iraní en nuestro país), Ahmad Reza Asghari o Mohsen Randjbaran (en aquel entonces Tercer Secretario de la representación diplomática iraní en Argentina), y Hadi Soleimanpour (por entonces Embajador de la República Islámica de Irán en Buenos Aires). También figura Imad Fayez Moughnieh, quien estaba a cargo del Servicio Exterior de la agrupación terrorista libanesa y acusado de dirigir el grupo que atacó la sede de la mutual judía en Buenos Aires.

Uno de los problemas con los que se topó una y otra vez la investigación fue con que las fuentes de información son de inteligencia y es muy difícil traducir eso al mundo judicial. Lo decía el propio Alberto Nisman en enero de 2015 tras denunciar a la entonces presidenta Cristina Kirchner por haber intentado encubrir el atentado a través de la firma del Memorándum y antes de aparecer muerto, con un tiro en la cabeza, en el baño de su departamento.

El 18 de julio de 1994, a las 9.53, un coche-bomba subió a la vereda e impactó contra el frente del edificio de la AMIA, en Pasteur 633. La camioneta Trafic llevaba en el furgón, entre los asientos y el buche de las ruedas traseras, la combinación entre nitrato de amonio, con el agregado para potenciar el nivel de destrucción de aluminio, un hidrocarburo pesado, trinitrotolueno (T.N.T.) y nitroglicerina. La carga explosiva fue similar a unos 300 o 400 kilos de TNT. La explosión provocó la muerte de 85 personas y heridas en 151, además de destrozos en 200 metros a la redonda

Han pasado 29 años. El 18 de julio de 1994 fui un testigo privilegiado, pero podría haber formado parte de la lista de 85 muertos. No era mi destino.  Nadie duda, excepto los que pusieron la bomba que lo ocurrido aquel día, fue una terrible hijaputez. Estamos velando nuestros muertos, respetemos sus memorias porque es “duelo nacional”.