La guerra en el Congreso que resquebraja a Cristina
Sin una oposición por la cual preocuparse, el Frente para la Victoria crea sus propias internas que amenazan con su armado. El escenario para esta guerra es el Congreso de la Nación, en ambas alas los protagonistas son los mismos; los presidentes de ambos cuerpos y los legisladores oficialistas que también empiezan a quejarse por lo bajo de Cristina Fernández por las decisiones que viene tomando desde la formación de su gabinete.
En el caso del Senado la disputa es entre Amado Boudou (golpeado por el caso Ciccone, ignorado por Cristina y enfrentado con Máximo Kirchner) y el jefe del bloque oficialista, el histórico Miguel Ángel Pichetto junto con el senador raso Aníbal Fernández.
Ambos funcionan por su cuenta, desconociendo no solo a Boudou y a su gente, sino también a La Cámpora.
En el caso de Pichetto, como presidente del bloque kirchnerista le han pedido mucho y tuvo que defender lo indefendible frente a la oposición sin perder la compostura, un ejercicio de ‘cuerpo a cuerpo’ que un miembro del Gabinete, Julio De Vido, demostró que no puede hacer cuando reaccionó furioso contra el senador Gerardo Morales en la reunión por el traspaso del Subte a la Ciudad.
Pero a pesar de su trayectoria parlamentaria en defensa del kirchnerismo (y antes del menemismo), a Pichetto le han dado poco (recientemente el aumento en las dietas de los senadores firmado por Boudou y no mucho más) y especialmente ahora que tiene que tocar la puerta de la Casa de Gobierno para conseguirle fondos a su Río Negro natal, donde después de la muerte del Gobernador Soria se ha convertido en el titular del peronismo rionegrino y virtual mandatario provincial.
En el caso de Aníbal Fernández, quien si bien públicamente reconoció que no pone las manos en el fuego por Boudou, la disputa viene por una ‘devolución de gentilezas’ por la provincia de Buenos Aires. Cuando Boudou quiso entrar en el difícil terreno bonaerense llevándose por delante a todo el mundo. Luego intentó ubicar gente y tomar agrupaciones, sin tener territorio propio. Por estas razones también tiene problemas con Florencio Randazzo.
Los primeros roces entre los tres (Boudou, Aníbal y Pichetto) fueron por el reparto de los cargos administrativos de la Cámara alta.
Boudou quería al dirigente de La Cámpora Sabino Vaca Narvaja, en la Prosecretaría Administrativa, ocupada por el peronista Mario Daniele, pero Pichetto, con el apoyo de Aníbal, se opusieron y tras un acuerdo lograron dejar en ese lugar a Daniele.
En la Prosecretaría de Coordinación Operativa fue nombrado Santiago Rébora -primo del dirigente de La Cámpora- en reemplazo de Gustavo Vélez.
En la Cámara de Diputados, es cada vez más inocultable el enojo de Agustín Rossi (titular del bloque K) con el presidente del cuerpo, Julián Domínguez. Aunque no es solo Rossi el que reniega del bonaerense.
A Domínguez sus pares lo acusan de cortarles el presupuesto y de monopolizar los gastos, además de haber realizado recortes en contratos y en el caso del santafecino de haber desplazado a empleados nombrados por él. Por eso Rossi considera que como jefe de bloque se le debe mas respeto de parte de un recién llegado a la Cámara y por la sola decisión de Cristina.
Otra razón fue la decisión de Domínguez (y también de Boudou) de emitir la resolución que interrumpió la tramitación de las pensiones que recibían los legisladores. Tanto Boudou como Domínguez atribuyeron esa medida a una decisión de Cristina, lo cual acrecentó los cuestionamientos a la Presidente que hacen por lo bajos muchos kirchneristas parlamentarios.
Los liderazgos legislativos están fallando en el cristinismo pero Cristina no quiere ver la crisis política que ya es parte del Frente para la Victoria, donde además el PJ empezó a discutir qué pasa si no hay re-reelección, en especial cuando se prevé una aceleración de la crisis económica.