Y después de YPF ¿las mineras?
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata / Radio El Mundo). Fue un manotazo de ahogado estratégico que permitió a Cristina Fernández recuperar la iniciativa política, alinear a su tropa y entusiasmar aliados, cambiar la agenda mediática, opacar los escándalos que golpeaban a sus funcionarios, anular a la oposición, dotar de capital simbólico al kirchnerismo y, casi con seguridad, revertirá la caída en las encuestas y mejorará la imagen positiva de la Presidente de la Nación.
Sin embargo, la confiscación como bien lo explicó el editorial de La Nación del sábado- de las acciones de Repsol en YPF no deja de realizarse sobre un conjunto de falacias, olvidos, mentiras y complicidades que desnaturalizan el mito fundacional que se quiere crear en vista del 2015.
Por ejemplo, es falso que seamos el único país de América -y casi del mundo- que no maneja sus recursos naturales. Las leyes de Hidrocarburos, Minería y Semillas están vigentes, los yacimientos de petróleo son de las provincias o de la Nación y están concesionados. Las empresas y el comercio exterior son controlados por el gobierno y los precios de referencia son fijados por la Casa Rosada. Regulación, sobra. Propiedad, hay. Por eso, la soberanía energética nunca se perdió.
Si la balanza comercial energética es negativa es por causa de las malas políticas que se siguieron durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Los planes Petróleo Plus 1 y 2, Gas Plus 1 y 2 y Refino Plus 1 y 2 todos anunciados con gran pompa en la Casa Rosada- fueron creados por el matrimonio Kirchner y terminaron en fracasos notables, aunque nunca reconocieron que se equivocaron. Quedaron como anuncios truncos, como muchos que ha realizado el kirchnerismo en casi 10 años.
La violenta pérdida de reservas de petróleo que tuvo la Argentina, no sólo YPF, se produjo a partir de 2004. La estrepitosa caída de las existencias de gas, de todas las empresas, no sólo de YPF, comenzó en 2004. ¿Quiénes gobernaron desde 2004? Ese dato, Cristina Fernández lo olvidó aclarar en su “espectacular” anuncio.
El ministro de Planificación, Julio de Vido, intentó durante más de 5 años que se construyera una nueva refinería en la Argentina. Nunca logró convencer a empresario locales e internacionales, ni asegurarles la provisión de gas y petróleo durante 20 años, el plazo mínimo para recuperar la inversión necesaria para hacer la obra. Nunca hubo autocrítica por este fracaso. Al final, se tuvo que optar por facilitar la construcción de pequeñas refinerías que hacen poco atractivo el negocio y casi no tienen impacto en el consumo de naftas y otros combustibles. Sin embargo, se convirtieron en oportunidades para grupos empresarios amigos del kirchnerismo.
Cristina Fernández ordenó una confiscación bajo el nombre de una expropiación, pese a ser abogada, dice que no se trata de una estatización aunque será manejada por el Estado, pero cuando expresa que será el Estado el administrador habla del partido de gobierno, es decir, YPF pasó de un grupo privado internacional con objetivos económicos a un grupo privado nacional con intereses políticos que intenta perpetuarse en el poder.
No es necesario repetir que Néstor Kirchner obligó a Repsol a incorporar un socio argentino y que, en vez de Carlos Miguens, como querían los españoles, el santacruceño obligó a que fuera el Grupo Eskenazi y que la adquisición debía ser financiada por la petrolera con las utilidades. ¿De dónde creería el ex gobernador de Santa Cruz que saldrían los fondos para realizar las inversiones necesarias para satisfacer la demanda?
Si no se reinvierten utilidades, la única opción es el endeudamiento. Así, Cristina Fernández confisca el 51% de una empresa con casi 9.000 millones de dólares de deuda, de los cuales 3.000 millones de dólares deberían pagarse casi en efectivo, según las cláusulas que tiene el financiamiento actual de la compañía. Eso, no lo dijo Cristina Fernández en su discurso. La duda es si lo ocultó, si no lo sabía o si no le importaba.
Acusar a Repsol de vaciamiento, sin reconocer los errores de política energética que se aplican desde 2003 supera los conceptos del marketing político. Ahora, tratar de reducir la indemnización a la petrolera por la confiscación argumentando pasivos ambientales genera una duda: ¿se aplicará el mismo concepto al resto de las petroleras?
En Santa Cruz dicen que Repsol causó pasivos ambientales por 1.000 millones de dólares, Neuquén habla de 5.000 millones de dólares. Con este argumento, la Casa Rosada dirá que Repsol no debe plata después de la confiscación. Sin embargo, el gobierno no explica si la nueva administración partidaria reparará esos pasivos, si aplicará el mismo concepto para las otras petroleras como Pan American Energy, Oil, el Grupo Vila-Manzano u otro amigos y aliados del oficialismo o si sólo correrá para las empresas que Cristina Fernández quiera estatizar.
El gobierno usa el argumento de la soberanía energética, cuando le encaja; cambia por conciencia ambiental, cuando le ajusta, pasa a la creación de puestos de trabajo, cuando le conviene; usa a los gobernadores como ariete, cuando le queda; coloca en la conducción a La Cámpora, cuando lo desea. No hay reglas, no hay seguridad jurídica, no hay normas que se respeten. Las grandes decisiones de Cristina Fernández se toman y anuncian por conveniencia política. No hay otra ratio que domine su acción.
De todo el proceso de confiscación de YPF, es inexplicable cómo se para la oposición. Antes de conocerse las encuestas, casi todos los partidos se encolumnaron con la Casa Rosada. Las críticas han sido formales y los argumentos menores. De nuevo, votarán un proyecto de Cristina Fernández, harán un pataleo menor y no sacarán la más mínima renta política. En términos futboleros, es como ir a jugar un partido sin arquero y, además, meterse tres goles en contra en los primeros 10 minutos.
La opción de culpar al privado es repetitiva y sigue sin tener sostén, como viene ocurriendo desde el 2003. El Correo Argentino fue arrebatado de las manos del Grupo Macri porque el Estado nunca estableció el marco regulatorio prometido en el proceso privatizador; Aguas Argentinas fue estatizada por no querer aumentar las tarifas, como había establecido el pliego de condiciones de la concesión; los sucesivos dueños de Aerolíneas Argentinas fueron ahogados financieramente con paros y protestas sindicales incentivadas desde el gobierno. En todos los casos, el inversor era extranjero y los argumentos nacionalistas endulzaron los oídos de la opinión pública. El Estado nunca reconoció su responsabilidad en los fracasos, en la falta de controles, en las reglas violadas.
Desde su privatización, YPF siempre tuvo directores representando al Estado. Todos los años, estos directores firmaron y aprobaron los balances, informes al mercado bursátil y los planes de inversión, incluso, durante el gobierno del matrimonio Kirchner. Así que si Repsol realizó un vaciamiento, fueron cómplices; si hubo daño al medio ambiente, fueron coautores y si hubo falta de inversión, fueron también participantes de ese error de decisión. Sin embargo, los miembros de La Cámpora no tuvieron en cuenta esto cuando cantaban y danzaban en la Casa Rosada.
La Presidente de la Nación reconoció que YPF es un instrumento fundamental para su modelo de país. Hacia 1990, la petrolera era utilizada para encubrir el desempleo estructural ¿Se repetirá de nuevo este fenómeno que sólo maquilla la pobreza, hoy tapada por subsidios?
Solo hay que recordar que desde 2003, el mayor creador de empleo de la Argentina ha sido el sector público con casi 3 millones de puestos de trabajo. La contrapartida es el aumento de la presión fiscal, hoy cercana al 50% para las personas que tiene sus ingresos en blanco y los impuestos y tasas impositivas no alcanzan a las provincias y municipios para sostener la enorme cantidad de empleados que sostienen sus estructuras políticas.
Aerolíneas Argentinas fue estatizada para mejorar el servicio. En tres años ya le costó al ciudadano que paga sus impuestos 2.300 millones de dólares y las pérdidas siguen acumulándose. AYSA recibió inyecciones de liquidez por más de 8.000 millones de pesos en seis años. El Correo Argentino incrementa cada año sus pérdidas operativas.
Las encuestas mostrarán el apoyo popular a la confiscación. También ocurrió con las AFJP, con Aerolíneas Argentinas, con el cepo cambiario, con el control de las importaciones. En el pasado, la salida de la Convertibilidad tuvo apoyo popular, el default fue aplaudido en el Congreso y la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional fue celebrada por la opinión pública. Sin embargo, el costo de cada decisión, en inversiones, falta de financiación, prestigio y consideración de la Argentina como destino de negocios, con su consiguiente no creación de fuentes de trabajo, tuvieron un inmenso costo aún nunca estimado.
El matrimonio Kirchner acostumbra a duplicar los esfuerzos de las arcas estatales sin sentido. Creó LAFSA y tiene LADE, pero estatizó Aerolíneas Argentinas, al tiempo que los funcionarios vuelan en LAN Argentina. Creó Enarsa para tener una petrolera fuerte, ante el fracaso, asaltaron YPF. Se pelea con el Grupo Clarín y crea un servicio de Televisión Digital que ha costado más de 1.000 millones de dólares. Los impuestos privados pagan estas duplicidades que tienen mucho de marketing electoral y nula racionalidad económica.
Si la confiscación de las acciones de Repsol en YPF se explicara sola, el gobierno no debería salir a hacer publicidad con anuncio de asociaciones privadas que no son tales.
Por ejemplo, Petrobras ratificó sus inversiones ya informadas (500 millones de dólares) y no las subirán hasta que no le devuelven el área perdida en Neuquén; Total confirmó un aumento de producción de gas ya programado; los chinos han mantenido un pesado silencio pese a que se los menciona como interesados y el Grupo Bulgheroni acuerda comercializar su gas, pero prefiere mantenerlo en silencio para no parecer colaborador de la confiscación.
Para que YPF sea como Petrobras no sólo debe tener la misma estructura accionaria, sino también, la misma continuidad de política de estado que tuvieron en Brasil desde que Getulio Vargas, en 1953, fundó la empresa.
En los ’80, el socio mayor del Mercosur tenía la mitad de las reservas de petróleo de Argentina, en 1985 eran iguales y en los ’90 las triplicaban. Hoy, están a un paso de ser una potencia petrolera.
En el camino hubo presidentes militares, conservadores, neoliberales, sindicalistas y troskistas. No se puede igualar al caso argentino donde hemos cambiado la estrategia energética cada 20 años, en el mejor de los casos.
Crear una Petrobras sin un management técnico es imposible. Menos con el país que tiene más demandas en el CIADI, el riesgo país más alto de América latina, deudas impagas con el Club de París, es el único miembro del G20 que no deja auditar sus estadísticas y carece de crédito internacional.
Para crear confianza, Cristina Fernández busca una figura para encabezar YPF y prefiere ex directivos con amplia experiencia en el sector privado para lavarle la cara a la confiscación. Oscar Vicente, Roberto Monti, Nells León y Carlos Olivieri circulan como los recomendados por empresarios y sindicatos.
Ahora, ¿quién querrá hacerse cargo de una empresa con La Cámpora controlando los contratos, un ex Repsol dirigiendo el marketing y hombres de Julio De Vido ordenando la producción?
Hoy, YPF es una empresa parcelada y bicéfala y los animales con dos cabezas, nos dice la mitología, no son fáciles de manejar.
En medio de la euforia de La Cámpora que celebraba la confiscación como si fuera un triunfo del Seleccionado de Fútbol, los problemas no desparecen, solo quedan ocultos tras la nube de humo. Aunque festejen el anuncio, la tragedia de Once todavía no está resuelta, ya hubo dos tractorazos en el interior y habrían más, el sector automotriz tiene 63% de capacidad ociosa, la brecha cambiaria crece, la fuga de divisas se mantiene, el cepo importador impacta en las empresas y los sindicatos negocian aumentos de sueldos muy por arriba de los deseaba el gobierno.
Irrita al kirchnerismo decir que YPF es a Cristina Fernández lo que Malvinas fue para Leoplodo Galtieri. Sin duda, es una comparación dura e incómoda, pero no deja de tener un cierto contenido de verdad. La Presidente de la Nación usa los grandes anuncios para recuperar imagen, crear capital político y unir a su tropa. Pero eso no soluciona problemas.
La economía fue la gran aliada de Néstor Kirchner. La economía fue también aliada de Cristina Fernández en su primer mandato.
Sin embargo, la Presidente de la Nación viene saqueando cajas para poder mantener su poder, su estructura, su mística. YPF fue un manotazo estratégico, pero no deja de ser un manotazo. Van quedando menos “joyas de la abuela” que Carlos Saúl Menem privatizó, para reestatizar. Por eso, todos se preguntan quién será el próximo (¿los depósitos en dólares?, ¿los encajes bancarios?, ¿la renta minera?) y, eso, crea incertidumbre y desconfianza como se verá cuando la cortina de humo se disipe.
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