Adelanto: la avalancha de importados sigue sin freno y seca la plaza de dólares
La actividad económica en el país, si bien depende fuertemente del boom de la soja, también está sustentada en cada uno de los argentinos que cada día se dirigen a los comercios -en busca de LCD, computadoras, heladeras y cocinas- y a las concesionarias, para la compra de un flamante 0 Km.
La clase media, alentada por las agresivas estrategias de comercialización, de la mano de las 50 cuotas sin interés, y porque siente que le queman los pesos en el bolsillo y no encuentra alternativas viables en las cuales poner sus ahorros, está ayudando a que la Argentina termine el año con verdaderas tasas chinas de crecimiento.
Osvaldo Cado, economista de la consultora Prefinex, sostuvo que a lo largo de 2010 el consumo estará aportando 2 puntos a la expansión de la economía.
Sin embargo, los expertos alertan que este fenómeno de la “consumodependencia” que existe en el país, dominado por el "dólar barato", está fomentando un círculo vicioso que podría generar preocupantes efectos. Este circuito determinaría que el Gobierno, por expandir los niveles de gasto y fomentar el consumo, en el mediano plazo estaría obligado a destinar más y más recursos para sostener la marcha de la locomotora y evitar que ésta se quede sin combustible.
En otras palabras, la necesidad que tiene hoy el Ejecutivo de que la clase media salga en busca de una heladera, una cocina o un vehículo, está impactando en una extensa serie de variables que llevaría a una necesidad de bombear aún más la ya exacerbada demanda, pero con resultados cada vez menores.
Círculo vicioso
Sucede que, la producción local no está pudiendo hacer frente al auge consumista, lo que da lugar a que las empresas -al no poder ajustar por cantidad- terminen haciéndolo por precio.
Esto hace que el dólar tenga que reforzar su rol como “ancla” de la inflación y que el tipo de cambio se vaya retrasando cada vez más.
Al abaratarse la divisa, se generan dos efectos: por un lado, se favorece el ingreso de artículos importados, que se hacen más accesibles. Por otro, el billete verde se torna más atractivo para el ahorrista.
Esto, a su vez, impulsa la fuga de capitales, provocando que menos dinero se vuelque al consumo, al ir al dólar.
En consecuencia, la “dosis” que deberá aplicar el Gobierno para mantener dicho consumo "por las nubes" tendrá que ser cada vez mayor, generándose más inflación por emisión monetaria, entre otros factores- y más atraso cambiario, tal como se muestra a continuación.
El inicio del círculo
En la “Argentina de las 50 cuotas”, la actual administración kirchnerista busca, a toda costa, mantener firme el apetito de los consumidores. Lo hizo, y lo hace aún, tanto de manera directa como indirecta, ya sea con el alivio en el Impuesto a las Ganancias o al no fijar su clásico “techo Moyano” en las discusiones salariales, entre otras numerosas medidas.
Así, para gran parte de la sociedad, que cuenta con más dinero en los bolsillos y no dispone opciones tentadoras de ahorro en un contexto de fuerte inflación, el “salir de shopping” se convirtió en una respuesta casi automática para no perder poder adquisitivo.
Y esto, por supuesto, generó un impacto sumamente positivo en el “made in Argentina”, dado que la industria mostró en el mes de junio una fuerte alza, del orden del 10 por ciento.
Industria: poco espacio para crecer y baja productividad
Sin embargo, este auge del consumo choca contra una realidad: a diferencia de lo que sucedió tras la salida de la convertibilidad, la capacidad instalada hoy, en numerosos sectores está al tope y no hay un proceso de inversiones que esté “a la altura” de la fuerte demanda actual.
Al respecto, desde la consultora Ecolatina destacaron que “el Gobierno ha demostrado ser efectivo para incentivar la demanda pero no sucede lo mismo con la oferta”.
De hecho, la Inversión Bruta Interna Fija (IBIF) está casi 9 puntos por debajo de los niveles precrisis (en términos desestacionalizados).
Para los analistas esto es preocupante en momentos en que el margen para crecer sin inversiones es cada vez menor. Resaltan que el uso de la capacidad instalada de las industrias argentinas ya superó el 80%, en un contexto donde los grandes proyectos aún brillan por su ausencia.
En este contexto, desde la consultora Abeceb.com alertaron que en ramas como la de indumentaria, calzados y alimentos, "no se ven grandes desembolsos" que puedan hacer frente a la mayor demanda.
Al respecto, Cado agregó que la inversión existente no está orientada a una ampliación real de la capacidad productiva: “El grueso está explicado por la compra de bienes de capital y de material de transporte, es decir, camiones, utilitarios o aviones. Esto no tiene un impacto determinante en la ampliación de la oferta”.
Por otra parte, hay otro factor que impacta negativamente: según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), hoy en la Argentina, con subas salariales superiores al 25%, todo ese incremento se encontraría vinculado a compensar la pérdida de poder adquisitivo, y no encontraría su justificación en incrementos de la productividad”, que este año sería de apenas 3% (en 2003 llegó a ser del 10 por ciento).
En este contexto, alertaron que “existirían trece ramas industriales que observan un costo salarial por encima del nivel general de la industria, y once de ellas estarían superando el costo salarial unitario en dólares que registraban en épocas del 1 a 1".
Efecto indeseable: ajuste por precio
Es sabido que toda empresa busca maximizar sus beneficios. Para esto tiene dos alternativas: o aumenta la cantidad producida para ganar más o, si se encuentra al tope, sube el precio de venta de sus productos.
En algunos casos puede hacerlo y en otros debe sacrificar rentabilidad, al poder volcar solamente una parte de ese incremento al valor final. Sea cual fuere el caso, este escenario no hace más que alentar la inflación, que los analistas ya la ubican en un 25% para este año y en unos puntos más alta para el próximo.
En consecuencia, este incremento en el índice, motorizado por una industria argentina produciendo a tope sin las inversiones suficientes para aumentar la capacidad instalada- no hace más que impactar en la cotización del dólar, que debe hacer de contrapeso, favoreciendo así el atraso cambiario.
"Dólar rehén"
En este contexto, son numerosos los analistas que destacan que, ante la falta de un plan consistente para frenar la suba de precios, la actual administración continúe optando por mantener “semiatado” al tipo de cambio.
“Dado que no esperamos que el Ejecutivo implemente un plan antiinflacionario, las únicas herramientas para acotar la inflación en el futuro seguirán siendo el tipo de cambio y los subsidios a las tarifas públicas”, explicaron desde Ecolatina.
En la misma línea, en Econviews consideraron que, dada la estrategia del Gobierno, “se acabaron los años del dólar súper alto”.
”Todo indica que la política cambiaria está priorizando la estabilidad financiera y la inflación por sobre la competitividad. En la medida en que se mantenga esta política, volverá el atraso cambiario”, recalcaron.
Ritondale sostuvo que “el Gobierno está en un verdadero dilema. Por más que se quejen los industriales y la presión aumente, no puede tocar el tipo de cambio por el efecto que tendría sobre el índice inflacionario. Por eso decimos que el dólar caro se terminó en la Argentina”.
El dato que traerá preocupación al Gobierno
En este contexto, el gran perjudicado por la pérdida de competitividad es el “made in Argentina”, que debe lidiar con productos importados cada vez más atractivos para los consumidores locales.
Desde el Banco Ciudad destacaron que “este escenario de dólar barato está dando lugar a un achicamiento del colchón cambiario y comienza a presionar sobre la competitividad de algunos sectores industriales. En la primera línea de fuego están los textiles, calzado, juguetes, artículos de electrónica, máquinas y equipos y algunos proveedores de insumos industriales”.
En el mismo sentido, el economista Tomás Bulat, en reciente diálogo con iProfesional.com, resaltó que “la política económica, que está generando una inflación más alta que la del promedio mundial, con un tipo de cambio fijo, está haciendo que la Argentina sea cada vez más cara en dólares. Entonces, estamos empezando a perder competitividad a un nivel de entre el 1 y 2% mensual. Por lo tanto, comprar afuera está comenzando a ser más barato que producir adentro”.
Así las cosas, los datos oficiales a los que accedió en exclusiva iProfesional.com y que serán dados a conocer por el INDEC en los próximos días, traerán un fuerte dolor de cabeza al Gobierno.
Sucede que, más alllá de los controles que quiere imponer el subsecretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, las importaciones no paran de crecer.
En efecto: durante el mes de junio las compras de productos al mundo totalizaron u$s5.100 millones, lo que implicó un alza del 41% respecto al mismo mes del año pasado. Por su parte, ya acumulan una suba del % durante el primer semestre.
Como contrapartida, las exportaciones alcanzaron los u$s6.350 millones, un 22% más que en junio de 2009. En lo que respecta al primer semestre, la tasa de variación fue de apenas 18%.
Vale decir que las importaciones están creciendo a un ritmo 2,4 veces mayor que las ventas de productos argentinos al mundo.
Se reduce el colchón de dólares
Como consecuencia de esta mayor dinámica del ingreso de bienes del exterior, el saldo de la balanza comercial está sintiendo el impacto, a pesar de que la producción de soja actual está un 70% por encima de la campaña 2008/2009.
En efecto, durante el primer semestre de 2010, el superávit alcanzó los u$s7.400 millones, es decir, una baja marcada del 26% en relación al mismo período del año pasado.
En este contexto, un dato a destacar es que entre enero y junio del 2009, la economía argentina ya había “amasado” el 60% del superávit comercial de todo el año.
De este modo, de mantenerse esta dinámica, en 2010 el saldo se ubicaría en el orden de los u$s12.000 millones, unos u$s5.000 millones inferior al del año pasado.
Uno de los analistas que apuesta por esta tendencia es Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional, para quien “el boom del consumo está explicando las fuertes tasas de crecimiento. Hay industrias que están viviendo un récord histórico, como la automotriz, pero esto indefectiblemente está generando otros récords ´colaterales´, como el de las importaciones”.
En este contexto, para el experto, las exportaciones finalizarán el año en u$s66.000 millones, mientras que las compras al resto del mundo totalizarán u$s54.000 millones. Es así como la Argentina concluirá con un superávit comercial en torno a los u$s12.000 millones.
Temor por la fuga de capitales
Un menor colchón de dólares es un dato que preocupa a los analistas, en momentos en que el Gobierno necesita tener la plaza cambiaria bien abastecida, dado que la salida de divisas amenaza con intensificarse en los próximos meses.
Desde Econométrica confirmaron a iProfesional.com que la economía argentina está ante las puertas de un “círculo vicioso”. Para Castiñeira, la suba de precios, en un contexto donde el tipo de cambio apenas se mueve, “está generando un atraso cambiario que primero se manifiesta en el menor saldo de la balanza comercial y luego en un mayor incremento de la salida de capitales”.
La misma, hasta mayo, totalizaba u$s3.400 millones, lo que implicaba un promedio de u$s680 millones mensuales. Sin embargo, expertos alertan que en junio se habría acelerado hasta los u$s1.000 millones.
De este modo, la fuga se habría “comido” 6 de cada 10 dólares que generó el excedente comercial.
El problema, claro, es la tendencia.
Desde la consultora Ecolatina encendieron una luz de alerta, ya que en los últimos meses “la aceleración de la salida de capitales está interrumpiendo el proceso de acumulación. Entre abril de 2008 y junio de 2010 la dolarización de portafolios acumuló u$s42.000 millones”, casi el equivalente al stock de reservas actual.
“El problema es que la fuga sigue latente y en un piso elevado, pese a la mejora en el plano internacional y a la recuperación local. Esta situación impide que el superávit comercial engrose las arcas del Central y apuntale la demanda interna”, alertaron desde la consultora.
En este contexto, Jorge Todesca, diretor de la consultora Finsoport, enfatizó en reciente diálogo con iProfesional.com que las medidas adoptadas para limitar la compra de dólares, no hacen más que “alimentar las expectativas sobre mayores restricciones futuras y conducen a apelar a mecanismos alternativos para la salida de capitales”.
Agregó que las trabas del mercado cambiario reconocen, implícitamente, un problema de fondo. Y es que la demanda de divisas está cada vez menos cubierta por una oferta “genuina”.
Impacto en el boom del consumo
Hay otro dato que preocupa al Gobierno: cuando la fuga es marcada esto implica, entre otras cosas, menos dinero destinado al consumo. El impacto no sería automático, pero el avance de esta tendencia sería contraproducente para la estrategia oficial.
En esta línea, desde Ecolatina aseguraron que esperan “una mayor salida de dinero del sistema a medida que se aproximen las elecciones presidenciales (por aumento de la incertidumbre), y un superávit comercial menos abultado”.
En la consultora destacaron los altos costos de la fuga: “Reduce la demanda de dinero afectando al ahorro en pesos, al consumo, a la disponibilidad de recursos para financiar inversión productiva e incluso a la base imponible para la recaudación tributaria”.
Se cierra el círculo: más necesidad de bombear el consumo
En este contexto, el Gobierno se encontrará ante una encrucijada con final abierto: ante niveles de inversión privada aún “tibios”, la cercanía de las elecciones y una menor predisposición de la clase media a continuar consumiendo, nadie descarta que una probable salida sea la de redoblar la apuesta para que los argentinos sigan gastando a partir de un mayor "bombeo oficial".
Según Castiñeira, “en este segundo semestre se está desacelerando la tasa de crecimiento. Estamos saliendo de los altos números del efecto rebote, del orden del 10%, para pasar a ver números de crecimiento genuinos, en torno al 5%. Es evidente que entramos en una fase de desaceleración”.
En la misma línea, para Cado, la economía va a crecer menos, la capacidad instalada está llegando a su punto máximo, se va a enfriar la actividad y, entonces el Gobierno volverá a aplicar la estrategia que impuso el año pasado durante la crisis: bombear el consumo para seguir expandiendo la economía”.
Una medida que fue en esta dirección consistió en aumentar el mínimo no imponible, cuyos efectos podrían comenzar a reflejarse en los próximos meses, más allá de que quedará contrarrestado en gran medida por la inflación. Pero también hay otras ideas en carpeta: más aumento para los jubilados (aunque no se llegue al 82% móvil) y una suba de la asignación universal por hijo, según I Profesional.com
Los efectos colaterales
Sin embargo, esta inyección de efectivo causa preocupación entre los analistas, que aseguran que la administración K necesitará cada vez de más “anabólicos” para lograr resultados más "tibios".
Según Todesca, “en una primera fase, que caracterizó a la primera parte del año, el impulso a la demanda permitió crecer fuerte; ahora estamos en la segunda, en la cual hay crecimiento más lento, junto con una inflación alta. Y en los próximos meses, empezará una tercera etapa, en la cual la expansión de la economía tendrá tasas cada vez menores”.
De acuerdo a Todesca, en la fase final de este proceso, los aumentos nominales de salarios cada vez tendrán menor efecto en cuanto a la posibilidad de reactivar la economía.