6 abril, 2025

El paso al costado: Kirchner repite su maniobra del 2009

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El 28 de junio del 2009, Néstor Kirchner tuvo una de las peores noches de su vida, cuando se enfrentó al escrutinio que arrojó la derrota del Frente para la Victoria. Horas después, anunció melodramáticamente que renunciaba indeclinablemente a la presidencia del PJ y se recluía en un sugestivo segundo plano. La operación dio resultado: la ofensiva en su contra se fue diluyendo, porque él daba la imagen de un caudillo en retirada y con cada vez menos protagonismo. Pero en cuanto pasó el impacto del 28-j, el ex presidente mostró su verdadero juego. El 23 de diciembre asumió con bombos y platillos como diputado. Dos meses después ordenó un operativo clamor para reasumir la conducción del PJ, cuyo Consejo Nacional le rechazó la renuncia. Poco después, el 3 de mayo, se hizo elegir Secretario General de la UNASUR y a la vez se puso a conducir personalmente el peronismo bonaerense, donde terminó habilitando como jefe a Hugo Moyano.
El nuevo 28 J
En las últimas semanas Kirchner sufrió un nuevo 28-j. La justici,a a lo largo y a lo ancho, castigó al gobierno con una serie de fallos que le ponen límites. Desde el mantenimiento de la suspensión del artículo 161 de la ley de medios, decidido por la Corte Suprema, hasta el fallo de la Cámara Contencioso Administrativa, que impidió la aplicación de la resolución de la Secretaría de Comercio que le prohibía a Shell aumentar el precio de los combustibles. En el trasfondo está la sensación de que el santacruceño está perdiendo su guerra preferida, la que mantiene contra Clarín. Derrotado por los jueces y Magnetto como antes lo fue por Francisco De Narváez, Kirchner optó ayer en Santa Cruz por repetir su maniobra del año pasado: escaparse del campo de batalla para evitar que se convierta en su Waterloo. Así es que ahora crea un nuevo escenario, tal vez distractivo: su supuesto proyecto de retirada del escenario nacional para recluirse a defender su pago chico, tal vez como gobernador. Para el ex presidente, algunas batallas se ganan huyendo.
Probables efectos
El repentino ataque de nostalgia de Kirchner por Santa Cruz podría ser entonces el resultado de un detallado cálculo. Para empezar, la imagen de su posible retirada reduciría su desgaste por los errores cometidos contra la justicia y Clarín y haría además que todas las miradas apunten a su esposa y a Daniel Scioli, permitiéndole trabajar en las sombras. Con su discurso de anoche, Kirchner abrió además la caja de Pandora del PJ. Scioli pasaría a estar en el ojo de la tormenta ahora como doble candidato a gobernador o a presidente. Se trata de un juego que al ex motonauta no le agrada. Él siempre se movió a la sombra de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y el mismo Kirchner. El Peronismo Federal también puede sufrir el impacto. Si Kirchner se repliega y Scioli puede ser candidato, ¿el peronismo anti-k no tendría también que reformularse? De Narváez es uno de los que más percibe el peligro, por ejemplo, de que Scioli marche hacia la Casa Rosada y lo impulse a Sergio Massa para la gobernación. Éste cosecharía votos kirchneristas y disidentes (el grupo de los 8 intendentes) pero también podría desarticular parte del armado de los disidentes. No es casual que el empresario haya designado a Alberto Atanasof como su armador bonaerense. Atanasof dirige el sindicato de municipales bonaerenses y está duramente enfrentado con Hugo Moyano. Para el camionero, el supuesto paso atrás de Kirchner es una luz verde, literalmente. Ahora tendría cada vez más protagonismo como la espada mayor del kirchnerismo, como se probará el 15 en el acto en River. La cortina de humo que Kirchner empezó a fabricar en Río Gallegos también podría inquietar a los radicales. Si el candidato fuera Scioli, el peronismo podría unificarse. Esto sería una pésima noticia, por ejemplo, para Ernesto Sanz y Ricardo Alfonsín, que hoy se sienten seguros de vencer a cualquiera de los Kirchner en la segunda vuelta.
Nadie puede saber cómo terminará la operación que acaba de empezar en Santa Cruz. Tal vez sea con un nuevo operativo clamor, porque jefe hay uno solo.

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