El último pacto de los mineros bajo tierra
El pacto comenzó a regir no bien Florencio Ávalos emergió de las profundidades de la mina San José. Allí, bien en el fondo, quedarán las miserias. Sólo ellos 33 saben los que pasaron, y mediante un acuerdo decidieron no difundirlo.
Según publica La Tercera, la importancia del pacto llevó a que, incluso, los obreros consultaran a un abogado respecto de la viabilidad de legalizarlo mediante un documento escrito. El 1º de octubre pasado, la escribana pública Carolina Moreno, llegó hasta el campamento Esperanza. La habían llamado los propios familiares de los atrapados.
En absoluto secreto la abogada fue guiada a la sala de videoconferencias. Según el relato del diario chileno, unas horas antes el equipo de rescate había enviado al fondo del yacimiento una "paloma" que contenía las 33 cédulas de identidad, requisito obligatorio para trámites de este tipo.
Acordaron inscribir una fundación para ayudar a mineros de escasos recursos, pero también que les sirviera como herramienta de negociación del material audiovisual y documental que registraron durante su encierro.
Sin embargo, los 700 metros de profundidad hicieron que el acuerdo no pueda ser legal. "Se podía hacer, pero no era legal porque ellos tendrían que estar al lado de la notaria firmando", detalló un testigo a La Tercera. Aun sin ser una organización legal, la Fundación es prioridad para estos 33 mineros. La necesitan para "negociar en el futuro".
Víctor Segovia lleva un diario de los 70 días en la mina. Este será el documento que utilizarán los obreros para concretar el libro con las cientos de anécdotas, peleas y horas de medio que el grupo decidió publicar a través de su fundación.