6 abril, 2025

Scioli no se calla y ya es un problema para el Cristinismo

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El gobernador bonaerense Daniel Scioli reiteró su reclamo para que se retome el debate en la Cámara de Diputados y se apruebe la ley que establece bajar a 14 años la edad de imputabilidad para juzgar a menores que cometen delitos graves.
“Me parece importante ir readecuando la legislación vigente”, insistió el mandatario bonaerense en diálogo con el programa El Oro y el Moro de Radio 10.
Scioli recordó que “la Cámara de Senadores ya avanzó en ese sentido y tiene media sanción en esa ley que incluye la baja de la edad de imputabilidad para delitos graves para los menores a 14 años”.
Además, el gobernador Scioli evitó profundizar acerca de las versiones que lo posicionan como un "presidenciable".
Scioli insistió en que está comprometido “en hacer mi trabajo como Gobernador. Esa es la realidad, lo demás, ya vendrán los tiempos electorales”.
“Estoy haciendo mi trabajo como gobernador, ahora, si trabajo mucho, por algo será, si no trabajo y no gestiono, eh, por qué no lo hace”, se quejó Scioli, tras lo cuál remarcó que “ahora, estoy haciendo lo que hice siempre: honrar la responsabilidad que me asignan, poniendo lo mejor de mí, como lo hice cuando fui vicepresidente; como lo hice cuando fui Secretario de Deportes y como lo hice como Diputado nacional”.
“Yo estoy al frente de todas las luchas, y si se le da esta lectura, bueno, lo hago porque es mi responsabilidad, no puedo andar corriendo detrás de los rumores, o cada vez que haya una especulación electoral” que lo ubican como presidenciable.
Insistió, además, que él forma “parte de un equipo de trabajo, que estamos llevando adelante con la Presidenta” Cristina Fernández.
Buena oportunidad para releer la columna de Roberto García el sábado 22/01 en el bisemanario Perfil:
"Ella lo necesita. Aunque no le guste y le resulte odioso, es una peronista y, como decía el General, se debe haber acostumbrado “a tragarse algunos sapos”. Sobre todo, si es por conveniencia.
Y, gracias a él, quizás se repita su continuidad presidencial. También la del “proyecto”. Lo que viene a constituir una de las paradojas más notables del actual proceso político: Daniel Scioli es el garante del progresismo oficialista.
A pesar de que él, para Cristina de Kirchner, ha sido un subalterno ortopédico, intelectualmete débil, de tendencia derechosa, acomodaticio, sensible inclusive a ciertos empresarios sobre los cuales sólo cambia de opinión cuando transitan por la Casa Rosada. Aun así, a Scioli ella lo necesita.
De ahí que se prodiguen en elogios modestos al gobernador personajes “sociales” como Pérsico, Kunkel o Navarro, por citar algunos de la lista, más inquietos por la perpetuación del pancho y la Coca –versión de este siglo de la pizza y el champagne– que por las afinidades ideológicas. Inclusive ella cambió de actitud y, para el último cumpleaños, justo antes de que Scioli partiera a su almuerzo tradicional con Mirtha Legrand en Mar del Plata, lo saludara por telefóno con un cálido: “Danny, te felicito”. Estupefacto, azorado, “Danny” no lo podía creer, se infló de alegría, más que en esas jornadas en las que se embucha una pasta frola enterita.
Aunque lo cuidan como a una piedra preciosa (según el valor que las encuestas les otorgan a las piedras), igual brotan interferencias, como el desencuentro actual por la imputabilidad o no de los menores.
El Gobierno insiste, como si fuera una cuestión moral, mantener los dieciocho años como tope y Scioli, saliéndose del riel oficial, auspicia una baja como consecuencia de que hoy los ciudadanos comunes parecen temerle más a un chico armado de quince años que a un gánster de cuarenta.
Para unos, transigir por ley en reducir la edad delictual supone un desvío ideológico, una concesión a los sectores reaccionarios; menos sutil, el gobernador se ampara para disminuirla en la opinión pública y en los dramáticos hechos policiales.
Ese tema, ahora en la superficie, también indica que la guerra entre Nilda Garré & Cía. persistirá contra la política menos permisiva –y de formación penitenciaria– del bonaerense Ricardo Casal & Cía., álter ego de Scioli en materia de seguridad, y hombre que en más de una ocasión lo trastornó (por ejemplo, se negó a asumir cuando ya había aceptado su nuevo cargo y hubo extensas deliberaciones, por llamarlas de algún modo, para que aceptara nuevamente).
Tanta necesidad como Cristina, en apariencia, no requiere el gobernador de la Presidenta para su carrera. Más, no ignora cierta presión de un sector de la sociedad que le reclama autonomía y postulación a la Presidencia, inclusive en sus inmediaciones le aconsejan esa actitud como broche para su carrera política.
Es ahora o nunca, le señalan algunos amigos que suponen que un nuevo ciclo en la gobernación le impedirá, cuatro años más tarde, aspirar a la Casa Rosada, como ha sucedido históricamente con los jeques de esa provincia.
Algunos de estos colaboradores con atrevidas ideas, como el empresario marplatense Aldrey Iglesias –el mismo que ha colaborado en embanderar la Ciudad Feliz de naranja, el color de Scioli–, ya ingresaron en el Index de Olivos: muchos imaginan que en los próximos meses van a convertirlo en el Magnetto –una versión reducida, claro– de los poderes concentrados en Mar del Plata.
Si bien Scioli evalúa con mutismo deliberado las sugerencias, como lo hizo cuando Néstor lo obligó desacertadamente a compartir las testimoniales, hace poco en La Ñata confesó en una mesa familiar: “No la voy a traicionar”. Como si en la política existiera esa palabra. Pero esa definición interna, que hasta un periodista conoce, debe haber motivado la llamada cumpleañera desde Olivos con el cariñoso e inédito “Danny”.
La diferencia mayor, el punto de partida de la separación, ocurrió luego del triunfo, cuando Scioli convocó al matrimonio con el cual había ganado a su quincho del Abasto, festejo nutrido con sus artistas preferidos.
Ese aluvión de Pimpinela, Montaner, el Chaqueño, Cacho Castaña, la Guevara habría de sacudir el criterio estético de la señora, quien con los años ahora acude a figuras más intelectuales del espectáculo, según ella, tipo Andrea del Boca, Florencia Peña, algunos cómicos cordobeses, artistas beneficiados con los subsidios o la telenovela Montecristo, que ahora exuda La Elegida, título que según cree Jorge Asís le arrebataron sin oblar o mencionar los derechos correspondientes al autor.
Desde entonces, padeció Scioli un calvario, el desalojo de su despacho en la Casa Rosada a la exoneración de funcionarios propios en Turismo, desde el acecho investigativo sobre él y su familia con periodistas afines al desprecio público, por parte de ella, cuando le tocaba presidir el Senado.
No fueron los únicos y perversos castigos o desaires, apenas los que registra una memoria liviana del maltrato que ejercieron contra un vicepresidente que jamás se habría atrevido a un voto “no positivo”.
De todo, o casi todo, él parece haber olvidado y, por si fuera poco, hasta recuerda que nunca se permitió un desliz contra la pareja, menos contra ella. Es más: hasta acepta la imposición de que vaya como postulante en su contra un Martín Sabbatella que nucleará adhesiones progresistas distinguiendo su apoyo a Cristina de su repulsa a Scioli.
“Yo haría lo mismo –asimila el gobernador– si eso suma para que ella gane. Igual ganamos todos.” Aun así, desconfían de su obediencia.
A pesar de que, otra vez, y pese a las tentaciones, parece dispuesto a hacerla ganar en las próximas elecciones generales –como lo hizo en la anterior, con la asistencia mágica de Julio De Vido a los intendentes–, porque es el insustituible para la definitoria provincia de Buenos Aires.
Es que, recurrir a Sergio Massa como alternativa sería aun más afrentoso para el oficialismo: están demasiado frescas sus expresiones contra la intolerancia de Néstor Kirchner –por citar algunos de los defectos que enunció– en una cena con empresarios y diplomáticos de los Estados Unidos que vastamente difundió la red WikiLeaks. Para el “proyecto” sería más bochornosa esta elección, de ahí el “Danny, te felicito”. Aunque ahora, momentáneamente, los separe la imputabilidad, o no, de los menores.

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