DF y MM: Un cuentito para (no) dormir hasta el domingo
Había una vez, en una selva lejana, un ciempiés llamado Mauro Mato (M.M.) que tenía un sueño: renovar su mandato como jefe de la zona de insectos. Pero para llegar a cumplirlo, primero debía lograr que le renovaran la fe sus pares de un territorio delimitado claramente por árboles y charcos.
Pero esta tarea no le sería fácil, sobre todo porque en el camino por permanecer encontraría a muchos rivales que, también, como él, estaban deseosos de poder. Uno de ellos era el grillo Danilo Fafá (D.F.), amigo de la abeja reina, Cristina Flor Ka (CFK).
La ley de la selva decía que los insectos debían reunirse y decidir sobre jefaturas y jefes. La elección se realizaba mediante una ‘floración’: un candidato, una flor. Y era obligatorio. El candidato que más flores obtuviera de parte del resto de los insectos, sería el ganador.
El proceso, por supuesto, se realizaría bajo la mirada atneta de CFK, quien no simpatizaba con M.M. sino que D.F.
El día de la floración se acercaba, y la pelea entre Mauro y Danilo era cada vez más fuerte.
También había otros insectos que aspiraban a ocupar ese puesto en la selva (el mosquito Fernando Soriano, la mariposa M.E.S., el caracol J.T., el escarabajo R.L.M…) pero ellos no contaban con los recursos necesarios ni la simpatía suficiente de los otros insectos.
A días del momento decisivo, M.M. sabía que tenía las de ganar y apostaba a que conseguiría el 45% de las flores. Bah, él en privado decía que el objetivo era 42% pero en secreto soñaba con 45% y moría por 47%.
"Imposible", decían cerca de C.F.K. "Una exageración".
"¿Y por qué no?", preguntaba M.M., quien había ganado todas las 1ras. vueltas de las floraciones que disputó.
Ambos sabían que, según la ley de la selva, el ganador debía obtener más del 50% de las flores, caso contrario tendrían que desempatar.
D.F. a su vez, esperaba con mucha ansiedad que la diferencia no fuese superior al 10%. "Si es 10% o menos, ganamos en el repechaje", era su apuesta privada.
D.F. sabiendo que M.M. lo aventajaba en 1ra., tenía una postrer esperanza: que el mosquito F.S. reuniese una buena cantidad de votos, algo así como 7% o 10% y que se los cediera en la 2da. floración.
Ocurre que el mosquito F.S. se llevaba muy mal con el ciempiés M.M.
Durante la semana previa a la floración, D.F., desesperado, hizo un cambio en su estrategia de sumar insectos a su campaña territorial. La abeja reina decidió arremeter con temas de seguridad de la floresta y pidió a sus colaboradores que se sumaran, convencida que sumaba floraciones para D.F., quien insistía en que todas las decisiones recientes en ese territorio se habían definido en la última semana.
En eso estaban horas antes del gran momento.