4 abril, 2025

¿Korrupción?: En 6 años, Cristina triplicó subsidios a trenes

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La tragedia de Once es un hecho previsible en el marco de las deficientes políticas públicas que se vienen aplicando. El Gobierno priorizó el congelamiento de la tarifa, para lo cual se concentró en distribuir discrecionalmente subsidios y relajó los controles.
El resultado obvio es que las empresas concesionarias priorizaron congraciarse con los funcionarios que administran los subsidios y descuidaron la calidad y la seguridad de los servicios.
Para no repetir errores, es imprescindible sincerar tarifas, focalizar los susidios en las familias más humildes y reconstruir el sector público para que regule y controle con profesionalidad y objetividad.
El terrible accidente ferroviario ocurrido en la estación de Once no es un hecho aislado. A diario ocurren siniestros en todo el territorio del país que podrían evitarse si primara la racionalidad en la organización y la gestión del sistema de transporte público.
Que un accidente tenga mayor notoriedad, no debería llevar a ignorar que se trata de una deficiencia estructural del sector público argentino con enormes costos humanos y materiales.
En el caso de los trenes, el rasgo más notable es que desde hace varios años la prioridad del Gobierno es mantener congelada la tarifa. Para ello, se montó un gigantesco mecanismo de transferencias de fondos públicos a favor de las empresas ferroviarias.
El resultado: el sector público se concentró en administrar subsidios y las empresas privadas concesionarias en congraciarse con los funcionarios que los reparten.
Datos de la ASAP (Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública) y de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte permiten ilustrar las consecuencias de esta política. Así, se puede observar que:
> Entre los años 2005 y 2011, los subsidios del Estado a los trenes pasaron de $2.411 millones a $6.837 millones medidos en moneda constante a precios del año 2011.
> Entre los años 2005 y 2010 (último dato disponible), la cantidad de asientos disponibles en los trenes metropolitanos pasó desde 264 a 266 millones anuales.
> Entre los años 2005 y el 2011, la cantidad de gente que viajó en tren pagando su boleto cayó de 413 a 344 millones anuales.

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