La vida en Madrid del inquilino invisible del vicepresidente
Desde Madrid
Su estudio está ubicado en el selecto barrio de Hispanoamérica, en el distrito de Chamartín, al noreste de Madrid. Se trata del mismo barrio que habitó hasta hace un par de años Estela Martínez de Perón antes de retirarse a vivir a las afueras de Madrid. Situado a metros nada más de la Avenida de la Paz o M-30, la autopista de circunvalación que ofrece rápido acceso a cualquier punto de la ciudad y a un par de calles del emblemático estadio Santiago Bernabéu. En la zona, el metro cuadrado se cotiza a 4674 euros.
En el número 8 de la calle Costa Rica, en la Planta Baja A, al fondo del edificio, se encuentra el despacho Aguirre Abogados Internacional, donde trabaja Fabián Carozzo Donatiello, quien saltó a las primeras planas luego de que el juez federal Daniel Rafecas ordenara el allanamiento del departamento que alquila en Puerto Madero, en el marco de la causa que investiga a la imprenta Ciccone.
Según da cuenta el pequeño buzón de la entrada, Aguirre Abogados cuenta con sedes en las ciudades de Vitoria-Gasteiz, Santa Cruz de Tenerife, Florencia, Lima, Brasilia, Rosario y Buenos Aires.
El despacho se especializa en derecho deportivo y ocio, derecho inmobiliario y urbanismo, responsabilidad civil y derecho de daños y transacciones nacionales e internacionales. Carosso Donatiello trabaja aquí junto a otros cuatro profesionales. Llega andando a su estudio a las 9 y se retira alrededor de las 20. En la tarde, hace una pausa para comer entre las 14 y 16.30 para luego regresar al estudio.
Uno de esos días recibió a PERFIL, y sentado en el lateral de la mesa de reuniones del despacho, en presencia de otro abogado del estudio, explicó con un tono ciertamente cordial que “no voy a hablar. Por el momento, no lo voy a hacer”, dijo.
PERFIL le explica que dadas las circunstancias, es el hombre más requerido por los medios argentinos, ante un silencio que sólo rompe para decir “me llaman todo el día los periodistas, pero no voy a hablar”.
De hecho, en la línea fija de su estudio sólo atiende un contestador Vodafone que pide que se deje el mensaje. Se percibe que Carosso Donatiello no está habituado a tratar con la prensa, que la situación le incómoda, a la vez que denota cierta expectación ante lo que se le pregunta y que escucha con gran atención. A todo esto, no pierde las buenas formas en ningún momento, y tampoco se esconde.
El mismo atiende el portero eléctrico del despacho y hace pasar a PERFIL, la segunda vez que este medio se acerca a su oficina.
Hay muchas preguntas que todos quisieran hacerle: ¿Si tiene conocimiento de una supuesta relación entre Alejandro Vandenbroele y Boudou? ¿Por qué alquiló un departamento que no usa? ¿Qué responde a los que dicen que lo usaron a él como pantalla para que no figure el nombre de Vandenbroele en el contrato de alquiler de la calle Juana Manso 740 del barrio de Puerto Madero? También prefirió guardar silencio.
Después agrega: “Yo he emigrado, sé lo que es migrar, sé lo que cuesta ser profesional en otro país, también soy profesional y me gano la vida aquí, por eso os recibo y entiendo que también estáis haciendo un trabajo profesional que respeto, pero nada, no voy a hablar por el momento”, dijo el joven abogado que reside en Madrid hace diecisiete años, con su claro acento español.
La oficina donde trabaja Carosso Donatiello, tiene aproximadamente unos sesenta metros cuadrados. Un ambiente despojado de cualquier tipo de lujo. El piso de parquet, despegado del suelo en algunas partes, pareciera ser original del edificio que cuenta con más de treinta años de antigüedad. Tres escritorios dispuestos en un mismo ambiente de trabajo, y una sala con una mesa de reunión y sillas de lo más modestas, conforman el mobiliario que precisamente no luce nuevo.
El portero del edificio, da cuenta sin querer, de haber recibido algún tipo de aleccionamiento, dado que exhibe cierta alerta frente a la prensa. ¿A usted la han dejado pasar, esta vez, señorita?, pregunta a esta cronista cuando se retira del edificio.
En el edificio, los vecinos consultados conocen a Carosso Donatiello y a los demás profesionales que allí trabajan. Un vecino que llega con un pan bajo el brazo, detalla que “son cuatro. Dos abogadas y dos abogados, son hispanoamericanos y trabajan con otros países. Hace seis años que están en el edificio y nunca han dado ningún problema”.
Otra vecina, explica que “sé por otros vecinos que son muy eficientes en la gestión, pero yo personalmente nunca les he consultado. Nos saludamos en el hall”. Otra vecina que sale de paseo con su perro, comenta: “El más guapo en alusión a Donatiello y el de gafas en alusión al otro abogado del estudio son muy majos (macanudos) y educados”, y “jamás ha habido un problema con el consorcio. Están aquí hace muchos años”.