5 abril, 2025

Declaración Política de La Solano Lima: Kirchnerismo único

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Cristina Kirchner cuando canturreó en Rosario que iba por todo, no mintió. Fue una de las pocas veces en que nos dijo la verdad y muchos argentinos lo tomaron con cierta displicencia. Lisa y llanamente la Jefa del Estado, la Primera Magistrada, la Presidenta de la Nación, nos puso contra las cuerdas, con todos esos títulos que no son casuales ni simbólicos. Son condiciones institucionales. Porque ser la Primera Magistrada implica que Ella es la que está por encima de las parcialidades en el sentido cabal del término, que no va a prejuzgar ni a tratar a alguien usufructuando su cargo. Sin embargo, utiliza esta prerrogativa con tanta arbitrariedad que se da el lujo hasta de agredir y descalificar a quien se le plazca. Cadena nacional.
La Presidenta quiere un sistema de gobierno lo más parecido posible a la monarquía. Se siente reina. Y se maneja como tal. De ahí el constante avasallamiento de las instituciones y de la Constitución Nacional. La voluntad de la reina es ley. Entonces, el manejo de la cosa pública se mezcla con la cuestión privada. Patrimonialismo. Lo vemos en las intendencias del Conurbano y en las gobernaciones más feudales. Los intendentes se regocijan cuando los llaman “barones” y los gobernadores, “señores feudales”. Para ellos lo importante es seguir manejando las cajas de sus territorios. Les va espléndido a costa de la inseguridad, la proliferación del narcotráfico y la pobreza.
Pero semejante involución es disimulada y reemplazada por la épica del relato oficial. Por la falsificación de la historia, del presente, y la hipoteca del futuro. Los camporitas creen que son protagonistas de una revolución cuando nos están cavando la fosa a todos los argentinos. Lamentamos que siendo jóvenes como nosotros estén tan enajenados, por no faltarles el respeto. Aunque ellos nos insultan y pisotean los más preciados valores de la República, y el sentido común. El asalto a YPF forma parte de una operación delictiva que nadie en su sano juicio debería avalar. Pero los radicales y socialistas comparten el populismo. Entonces aprueban las violaciones a la Constitución Nacional.
El asalto a Repsol es una típica maniobra a las que nos tiene acostumbrados la asociación ilícita llamada kirchnerismo, que dibuja causas, inventa enemigos y destruye la legalidad. El artículo 17 de la Constitución Nacional es claro: “La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”.
La denominada expropiación de Repsol ha sido confiscación. Nos quedamos cortos en nuestro inmediato repudio. Hay que ser claros como claro es el texto constitucional y practicar decisiones conducentes a la transparencia para que la ciudadanía perciba dónde queda la corrupción y dónde la alternativa real a esta porquería que se vale del 54% de los votos para cometer cuanto delito se le plazca.
Estamos convencidos de que la corrupción es el combustible del régimen populista que devasta la República en nombre de la recuperación del Estado. La corrupción es la razón de ser de una burocracia gubernativa que se ha apoderado de los resortes estatales para cometer los delitos más osados de la historia argentina.
Nadie se equivoque: en 2012 más gobierno no es más Estado. Es más corrupción. En el accidente evitable de Once se verifican todas las hipótesis al respecto.
Nunca hubo un gobierno corrupto similar al kichnerista. El que calla, otorga.
Las 52 víctimas del accidente evitable de Once son una prueba concreta del desguace del sistema ferroviario a que nos ha sometido el kirchnerismo. Despilfarro de subsidios, descontrol, capitalismo de amigos. Después fueron a Vélez, llenaron la cancha con la militancia rentada, se encapsularon en su propio mundo y nos vendieron que siguen siendo mayoría. Se manejan de esa manera para perseverar en el error invocando epopeyas imaginarias.
Jamás un gobierno corrupto dignificó a sus gobernados. La Argentina no va a ser la excepción. La juventud kichnerista sigue aferrada a consignas sostenidas en denuncias de improbable correlato judicial. Acusan a Mauricio Macri de cualquier cosa y olvidan que tarde o temprano la realidad les ganará la partida como ocurrió en las elecciones en que el PRO obtuvo el 65% de los votos.
Embalados por el apoyo circunstancial de un grupo de legisladores opositores propensos a la primacía populista, los kirchneristas avanzan en el Congreso. Olvidan que la mentira tiene las patas cortas y enseguida se la alcanza. La proclamada “recuperación” de YPF se inscribe en el desparpajo institucional a que nos somete el régimen populista en ciernes. Pagarán las consecuencias quienes adhieren a las cantinelas nacionalistas más propias de los gritos etílicos de Leopoldo Fortunato Galtieri que de las reivindicaciones nacionales de Hipólito Yrigoyen, Juan Perón y Arturo Frondizi.
La democracia se enaltece y consolida con una oposición que ocupe el espacio superador pertinente generando alternativa reales de poder. El kirchnerismo del discurso único busca aliados en las huestes mediocres de populistas en oferta, porque avanza hacia un sistema de partido único.
Ante el peligro totalitario, nosotros les decimos sí a la República, a la Constitución, a la Justicia Social, a la Libertad y a los Derechos Humanos. Por eso ejercemos nuestro papel de oposición y de alternativa real con Mauricio Macri y los representantes legislativos del PRO que votarán en contra del asalto a Repsol en la Cámara de Diputados y por una política energética en serio, de autoabastecimiento y desarrollo sustentable, con el gerenciamiento de funcionarios probos y honestos, para que haya trabajo genuino, seguridad jurídica, producción nacional, inversiones y mejor distribución de la riqueza. Acompañamos en ese sentido, a casi el 50% de compatriotas que también se opone a semejante latrocinio de consecuencias internaciones impredecibles.
El patriotismo constitucional es la democracia de verdad. Aquí estamos. NO NOS VAN A PARAR.
LA SOLANO LIMA

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