Otra vez Boudou…: Un lastre para Cristina
Justo cuando su situación judicial por el escándalo Ciccone parecía despejarse, Amado Boudou vuelve a ser protagonista por otra causa que se tramita en la Justicia: la de su presunto enriquecimiento ilícito. Este lunes el fiscal Jorge Di Lello pidió investigar al vicepresidente por el aumento de su patrimonio (ver nota relacionada).
Aunque este caso no está directamente vinculado con el de Ciccone, en la que se investiga al funcionario por el supuesto delito de negociaciones incompatibles con la función pública, los actores se repiten. La causa se tramita en el juzgado de Ariel Lijo, que tomó la causa Ciccone después de que Daniel Rafecas fuera recusado. Además, José María Núñez Carmona, socio de Boudou, y Alejandro Vandenbroele, indicado como el testaferro del vicepresidente, también están involucrados con la nueva investigación.
Allí también aparece Agustina Kampfer, pareja del vice, y 10 sociedades anónimas, entre ellas, The Old Fund, que controla la exCiccone y que dirige Vandenbroele. En tanto, Di Lello podría sustituir a Carlos Rívolo como fiscal de la causa Ciccone si es que Lijo decide apartarlo.
El juego de las coincidencias está abierto. Si finalmente Rívolo fuera desplazado de la causa Ciccone y se designa a Di Lello ¿cómo repercutirá el desempeño de una investigación en la otra? La misma pregunta le cabe al juez Lijo.
A pesar de que Boudou consiguió con el desplazamiento de Rafecas que el foco se posara sobre el magistrado por su mal desempeño y sobre el exprocurador Righi, en las últimas horas se conocieron más detalles que vincularían al vicepresidente con su presunto testaferro.
Se supo que Alejandro Vandenbroele fue titular de la línea telefónica del departamento propiedad de Amado Boudou en Puerto Madero. La pista apunta a confirmar que fue Vandenbroele quien habitaba aquel domicilio y no un socio de éste, quien firmó el contrato de locación.
A todo esto, no está demás preguntarse que estará pensando la presidente Cristina Fernández de las situaciones en las que queda envuelto su vicepresidente. Aunque la mandataria avaló los movimientos de defensa del vice (la denuncia contra Righi, entre ellas), nunca hizo una defensa pública del mismo, como sí lo hiciera, por ejemplo, por el viceministro de Economía, Axel Kicillof. Es un secreto a voces que la Presidente ya no le tendría a Boudou la misma estima que en un principio.
El hecho de sostenerlo no tendría que ver con la presunta certeza de la Presidente sobre la inocencia de Boudou, sino con algo más relacionado con un espíritu supervivencia. El cristinismo en general y Cristina Fernández en particular nunca aceptan errores. Y sobre la espalda de la Presidente pesa el hecho de que fue ella misma, sin consultar a nadie, quien puso a Boudou como su compañero de fórmula. Hoy la jefa de Estado estaría reviendo esa decisión.
No obstante, "entregar" a Boudou no es una opción, porque, interpretan en el cristinismo, eso sería una "muestra de debilidad", algo que kirchnercristinismo jamás se permitió. Aún a costa del daño en la imagen presidencial en tiempos en los que se analiza una reforma constitucional que permita una eventual re-reelección.
No son buenos tiempos para Cristina Fernández. La Presidente no pudo capitalizar la expropiación de YPF (algo que sí le sirvió mucho a Boudou) y la espuma de esa pieza épica parece estar desapareciendo a la espera de resultados. La economía da muestras de desaceleración y los dólares no alcanzan. Además, el camino cuesta abajo en su imagen en el 1er semestre de su 2do mandato se sigue profundizando. La tragedia de Once contribuyó en gran parte. Otro aporte lo hizo Boudou.
Ahora el vicepresidente vuelve a darle motivos de preocupación a Cristina Fernández, a la que le queda menos margen para sostenerlo y cuya 2da opción en la línea sucesoria, Beatriz Rojkés de Alperovich, tampoco puede escapar a los escándalos derivados de sus explosivas declaraciones (ver nota relacionada).