Bingo: Choferesa y mayordoma, la nueva forma de llamar a su personal en el BCRA

Por Ricardo Mangano
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). Es verdad que el lenguaje es vivo y puede cambiar. No me molesta que el lenguaje cambie. Incluso siempre me han interesados los cambios del lenguaje, tanto ortográficos como léxicos; he seguido con cierta curiosidad cambios que se han planteado en los últimos 15 años.
Así, en “lenguaje tradicional”, alguien puede expresar lo siguiente: Los chicos argentinos no tienen que ser distintos ante la ley porque todos tienen los mismos derechos.
Una de las variantes del “lenguaje inclusivo” propone que se use desinencia x para significar “indistinto”: Lxs chicxs argentinxs no tienen que ser distintxs ante la ley porque todxs tienen los mismos derechos.
Otra posibilidad que se ofrece es la @ (arroba): L@s chic@s argentin@s no tienen que ser distint@s ante la ley porque tod@s tienen los mismos derechos.
Tal vez sin proponérselo, la equis y la arroba encierran al “lenguaje inclusivo” dentro de la breve cárcel de la lectoescritura porque ninguno de esos dos símbolos tienen realización fonética. Por ello, en la oralidad, los dos ejemplos anteriores deberían verbalizarse más o menos en estos términos: Los chicos argentinos y las chicas argentinas no tienen que ser distintos ni distintas ante la ley porque todos y todas tienen los mismos derechos.
Hay otra variante que ofrece una ventaja notable sobre la otras: “Les chiques argentines no tienen que ser distintes ante la ley porque todes tienen los mismos derechos”.
Así, estoy convencido que el lenguaje inclusivo” exige un alto nivel de conciencia gramatical porque un hablante tiene que estar muy atento para reconocer cada caso de concordancia que involucra a los sustantivos con significado “humano”. Entonces, el “lenguaje inclusivo” se circunscribe a hablantes altamente escolarizados. Así, estamos ante la paradoja de que el “lenguaje inclusivo” termina siendo indeseablemente elitista.
Varios colegas periodistas me dijeron que hoy los chicos hablan así, que somos nosotros −los viejos− que no queremos el cambio, que es un problema generacional. No comparto que estas formas de escritura vengan de los jóvenes, de hecho están inventadas por gente de mi generación de cierta rama política y es posible que haya penetrado en los jóvenes en ciertos ámbitos un poco más politizados. Pero no es cierto que los jóvenes hablan así. Muchos jóvenes no hablan así.
Ahora bien, pensar que una minoría puede imponer un cambio lingüístico en beneficio de la mayoría no sólo alimenta la fantasía de la élite iluminada sino que también pasa por alto la conocida dialéctica entre la inmutabilidad y la mutabilidad del signo lingüístico, que ya fuera explicada por Ferdinand de Saussure a principios del siglo XX.
En español existen los participios activos como derivados verbales. ¿Presidente o presidenta?
El participio activo del verbo atacar, es atacante.
El de sufrir, es sufriente.
El de cantar, es cantante.
El de existir, existente.
¿Cuál es el participio activo del verbo ser?
El participio activo del verbo ser, es ‘el ente’.
El que es, es el ente. Tiene entidad. Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final ‘ente’.
Por lo tanto, la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, sin que dependa del género, (femenino o masculino), que tenga.
Se dice capilla ardiente, no ardienta.
Se dice estudiante, no estudianta.
Se dice adolescente, no adolescenta.
Se dice paciente, no pacienta.
Se dice comerciante, no comercianta.
Quienes usan el término presidenta no sólo hace un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española.
*Un ejemplo de este mal uso diría así:
La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta existenta.
Tras leer esto qué mal suena ahora Presidenta.
Pero al parecer en el Banco Central no se enteraron. Este jueves 06/08 el BCRA decidió reconocer el lenguaje inclusivo en cualquiera de sus modalidades como recurso válido para utilizar en sus comunicaciones, expedientes, formularios, documentación y producciones de la institución.
La nueva normativa forma parte de la “Guía del Banco Central de la República Argentina para una comunicación inclusiva”, aprobada esta tarde a través de una resolución del Directorio que preside Miguel Pesce como “un compromiso institucional y un aporte para la construcción de una sociedad más justa”.
La Guía está compuesta por ejemplos concretos, sugerencias y recomendaciones, ofrece opciones para nombrar colectivos y grupos, para expresar cargos y posiciones, ejemplos sobre el uso de artículos y pronombres, formas impersonales, y recomendaciones sobre el uso de imágenes, indicó la autoridad monetaria.
De esta forma, por ejemplo, se estableció que en la comunicación del BCRA los distintos cargos del personal y las autoridades de la entidad tengan una denominación “en femenino gramatical” en todos los casos, por lo que se incorporan palabras como capataza, choferesa, mayordoma u oficiala, entre otros.
“La gestión del Banco Central, en consonancia con el Gobierno nacional, ha asignado relevancia a la política de género y respeto hacia la diversidad. El primer paso fue la creación de una gerencia específica en la materia. Con ese mismo objetivo, el Directorio ha aprobado la guía para una comunicación inclusiva, incorporando una herramienta eficaz, que nos permite adoptar en los textos un lenguaje inclusivo, acorde con el plexo normativo nacional e internacional vigente”, expresó Betina Stein, directora del Banco en un comunicado.
Para el BCRA, la nueva resolución busca “promover una comunicación que evite sesgos de género y expresiones sexistas, que no reproduzca estereotipos o situaciones de discriminación y que visibilice todas las identidades de género”.
Asimismo, explicó que el objetivo será “paulatinamente migrar de la masculinización del lenguaje a la interpelación de todos los géneros”.
“La incorporación del lenguaje inclusivo es una pedagogía feminista de reconocimiento que impacta en la hegemonía del lenguaje sexista constructor de segregaciones, jerarquías y violencias. Con esta política estamos generando ámbitos de trabajo más igualitarios y previniendo violencias, especialmente, la vulneración del derecho a la identidad de género”, afirmó María Celeste Perosino, gerenta de Promoción de Políticas de Género, Resguardo del Respeto y Convivencia Laboral.La Guía está compuesta por ejemplos concretos, sugerencias y recomendaciones, ofrece opciones para nombrar colectivos y grupos, para expresar cargos y posiciones, ejemplos sobre el uso de artículos y pronombres, formas impersonales, y recomendaciones sobre el uso de imágenes
Cabe recordar que esta semana el Banco Nación también avanzó con políticas de inclusión. En ese marco, firmó un acuerdo con la Asociación Bancaria para garantizar la inclusión laboral de personas travestis, transexuales y transgénero en esa institución financiera.
El acta-acuerdo apunta a instrumentar medidas específicas tendientes a “reparar la exclusión y discriminación estructural, permite que las incorporaciones alcancen el uno por ciento de la totalidad del personal del Banco de la Nación Argentina”.
Para lograr ese objetivo de manera concreta y que no quede solo en buenas intenciones, se formó un “comité” que será el responsable de supervisar “la incorporación de forma escalonada, cubriendo el cinco por ciento del total de ingresantes por semestre con personas integrantes del colectivo Trans, en función de la necesidad de la Institución de incrementar la planta de personal; siempre que reúnan los requisitos establecidos y sorteen el proceso de ingreso de personal al Banco”.