5 abril, 2025

Crimen de Fernando Báez Sosa: así los rugbiers aguardan el juicio en prisión

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, de 18 años, a la salida de un boliche en la ciudad balnearia de Villa Gesell, movilizó al país contra la violencia. A un año y cinco meses de esa fatídica madrugada, los ocho rugbiers acusados por el asesinato continúaban detenidos, sin visitas higiénicas, aislados y deprimidos.

El grupo de los diez rugbiers acusados por el crimen de Báez Sosa.

Se trata de Máximo Thomsen (21), Ciro Pertossi (21), Luciano Pertossi (19), Lucas Pertossi (22), Enzo Comelli (21), Matías Benicelli (21), Blas Cinalli (20) y Ayrton Viollaz (22), los ocho amigos imputados por “homicidio doblemente agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas”, causa por la que estaban alojados en la Alcaldía Departamental N°3 de Melchor Romero, en La Plata.

“En este momento estamos en plazo para ofrecer la prueba que vamos a utilizar en el debate”, explicó a cronica.com.ar el abogado defensor Hugo Tomei. El juicio estará a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de Dolores, que ahora deberá poner fecha de inicio.

Los ocho jóvenes ingresaron al penal platense para someterse a unas pericias psiquiátricas, pero su estadía se volvió permanente con la pandemia de coronavirus. “No hay motivos para el traslado ahora cuando están ya ambientados al lugar de encierro. Cada movimiento es un trastorno para la vida de la persona privada de libertad, pero es una facultad exclusiva del servicio penitenciario y desde ese lugar todo puede pasar”, contó Tomei.

Los ocho jóvenes comparten un teléfono celular entre las cuatro celdas de tres metros cuadrados en las que están detenidos en el pabellón N°6. Sólo pueden recibir llamados y mensajes de texto, no tienen acceso a WhatsApp ni a redes sociales.

Por la pandemia, los encuentros junto a sus padres y hermanos se dan con distancia social, barbijo puesto y alcohol en gel, sin contacto físico. “Durante estos meses exhibieron cambios de conducta muy notorios, con cuadros depresivos”, reveló una fuente cercana al expediente al citado sitio. Los psicólogos de la alcaidía los entrevistan periódicamente por estos cambios de ánimo durante el encierro.

La víctima Fernando Báez Sosa, de 18 años.

En cuanto a la alimentación, el penal posee un sistema de viandas, pero suelen recibir yerba, galletitas, productos de higiene, cigarrillos, prendas de vestir y libros por parte de sus familiares. Todos los víveres son requisados antes de su ingreso.

Fuentes consultadas por el citado sitio aseguraron que los jóvenes mantienen un perfil bajo y que no hicieron requerimientos especiales. La sensación de peligro es permantente: los presos aún los insultan y amenazan.