El superyate de un magnate ruso desafía el bloqueo naval entre Irán y EE.UU.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político) – El megayate Nord de Alexéi Mordashov cruzó la zona de conflicto sin resistencia, evidenciando grietas diplomáticas en el control marítimo regional.
El escenario geopolítico en el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos estratégicos más sensibles para el comercio global, ha sido testigo de un evento inusual. En medio de un férreo bloqueo naval impuesto por las autoridades de Irán y la Marina de los Estados Unidos, el superyate de lujo Nord, propiedad del magnate siderúrgico ruso Alexéi Mordashov, logró atravesar el paso sin recibir objeciones ni impedimentos de las fuerzas en conflicto.
La embarcación, valuada en más de 500 millones de dólares y con una eslora de 142 metros, zarpó desde un astillero en Dubái tras completar tareas de mantenimiento. Según los registros de tráfico naval, el Nord navegó de punta a punta el estrecho hasta alcanzar Mascate, Omán. Lo que sorprende a los analistas de política exterior no es solo la opulencia de la nave, sino la aparente “inmunidad” diplomática de la que gozó durante su trayecto en una zona donde la mayoría de los buques solo circulan bajo estrictas concesiones o escoltas militares.
Desde finales de febrero, Teherán mantiene un bloqueo que fue posteriormente reforzado por el Comando Central de EE.UU. (Centcom). Sin embargo, el Nord —que cuenta con dos helipuertos, un cine y hasta un submarino— operó fuera de las restricciones que hoy afectan al transporte de activos estratégicos y petróleo en la región.
Alexéi Mordashov: El factor ruso en la ecuación
El dueño del Nord no es un actor menor en el tablero internacional. Alexéi Mordashov, presidente de Severstal, es considerado uno de los hombres más ricos de Rusia y ha mantenido una histórica cercanía con el Kremlin. Tras la invasión a Ucrania en 2022, el magnate inició un periplo global para evitar que sus activos fueran incautados por autoridades occidentales, moviendo el yate por puertos de Seychelles, Hong Kong y Vladivostok.
Este cruce exitoso por el Estrecho de Ormuz plantea interrogantes sobre los acuerdos tácitos entre las potencias. Mientras las negociaciones entre Washington y Teherán por el control marítimo continúan en un punto muerto, el paso de un activo ruso de esta magnitud sugiere que los canales de comunicación secundaria siguen operativos para actores con peso político específico.
