Cómo se vivió en una escuela porteña el partido de la selección nacional
Las calles de la Ciudad estaban casi desiertas media hora antes del inicio del partido en el que la Selección argentina enfrentaría a Corea del Sur por el segundo partido de la Copa Mundial. Puntualmente a las 8:15 los niños llegaban a la escuela con las caritas frías, mas sus gorras, camisetas y banderas, para cumplir con la asistencia a clase pero con la emoción de ver por primera vez en las aulas un partido de los dirigidos de Maradona.
Luego del izamiento de la bandera los niños de la Escuela "Olegario Víctor Andrade", de San Cristobal, escucharon las palabra del Ministro de educación porteño, Esteban Bullrich, quien presenció el encuentro en el establecimiento, y juntos se dirigieron a ver el tan esperado juego en el salón de actos del segundo piso. Cánticos y saltos no dejaron de acompañar el tierno aliento, que desde su lugar, cada uno le dio al Seleccionado que hoy puso en alto las esperanzas mundialistas de todo un país.
Un grito ensordecedor acompañó el primer gol para Argentina. También cada ataque de Messi tuvo su coro, cada gambeta de Tevez fue seguida con el clásico "ole, ole, oleee
" y cada remate del " Pipita", goleador del encuentro y del certamen fueron aplaudido al igual que las atajadas de Romero.
Durante el entretiempo no cesaron los saltos ni los alientos para los favoritos de siempre. Las chicas más grandes, que hacían de "porristas", bailaban sus coreografías con los rostros pintados para la ocasión. Las maestras, felices por la experiencia también alentaban "vamos a ganar", decían esperanzadas y reconocían estar "muy contentas" por poder compartir esa ocasión con sus alumnos pero prometieron "¡después seguiremos con las clases como siempre!".
El tipazo del árbitro belga dio inicio al segundo tiempo. El brillo del sol en las calles argentinas parecía enviar un aliento de ganas de gol por lo más alto del firmamento, y vaya si se hizo oír: Higuaín hizo temblar el arco tres veces consecutivas. Tres veces más se escuchó el ansiado grito de cada uno de los hinchas que llegaron a la cancha, los que cambiaron sus hábitos para ver el partido, también aquellos que trabajando festejaban a solas. Son esas cosas del fútbol que durante 90 minutos, 92 en este caso por la adición del réferi, unió a miles y miles de almas en un mismo instante bajo una misma emoción y bajo el mismo grito: ¡Gol!.
Cerca de la pitada final, los chicos de la escuela Nº 7 se hicieron oír aún más: al grito de "¡Argentina, Argentina!" acompañados por saltos y risas, el partido llegaba a su fin. Ese canto llegó a ser tan emotivo como ensordecedor y se convirtió en un agudo aplauso mientras los jugadores se retiraban del campo de juego. El final del partido de Argentina frente a Corea del Sur marcaba ya una historia. Hubo goleada por 4 a1 de los "pibes de Diego", juntos, los niños vivieron el primer partido de la Selección visto en una escuela por implementación gubernamental y por autorización de los directivos. Contó también con la presencia de las autoridades del Gobierno porteño.
Rápidamente el salón quedó vacío, con banderitas en lo alto o atadas al cuello como "capa", y con sonrisas en cada rostro, tanto de niños, maestras y auxiliares, retomaban la actividad como en un día normal. Era hora de ir a clases, los festejos ya quedaban de lado aunque en el aire de la escuela, y en las calles, se olían las ganas populares de volver a gritar ¡Argentina campeón!.