Cómo un filicida se puede convertir también en un femicida indirecto

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). ¿Hay manera de hacer más daño que matando? Sí, asesinando al ser más amado por esa persona. El filicida Gerardo Reyna está imputado también por el delito de “femicidio vinculado”, tras asesinar a su hijo de 9 años y herir a la de 6 luego que la madre de los chicos no quisiera volver a vivir con él. “Él actuó para infligirle un sufrimiento de por vida a la mujer”, dijo la fiscal Paula Kelm, que le imputó esta agravante. La pena es prisión perpetua
Antes de que llegara la policía le mandó fotos con sangre en sus brazos a Brenda, su ex mujer y madre de sus dos hijos. Ella no imaginó que era del nene. Después se dio cuenta de que se trataba de una venganza porque ella le había dicho unos días antes que no iba a retomar la relación.

“La Casa del Encuentro, desarrolló el término ‘femicidio vinculado’ partiendo del análisis de las acciones del femicida para consumar su fin: matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce la dominación“, dice a Crónica la presidenta de la Asociación Civil La Casa del Encuentro, Ada Rico.
Rico continúa: “Los varones agresores consideran a la mujer como un objeto que les pertenece y no admiten que ella, cansada del maltrato, decida terminar la relación. Y en venganza y con el objetivo de causarle dolor, el violento asesina al hijo o hija”.
“El objetivo es hacer sufrir la víctima de violencia de género. El objetivo no es matar a sus hijos, sino hacerla sufrir a ella”, explica a Crónica la abogada Raquel Hermida Leyenda, especialista en estos temas. “Da origen la figura el caso Cuello, que era un albañil que mata a Tomás, de 9 años, que era el hijo de su ex mujer, con quien tenía un bebé”, sostiene Hermida Leyenda sobre el crimen cometido el 15 de noviembre de 2011 en Lincoln.