4 abril, 2025

Los negocios de “La Tumba”, acusada de ser la nueva jefa dealer detrás de la cocaína de Constitución

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político).  Encontrar a “La Tumba”, o saber de su existencia, fue un poco fortuito, una clásica situación en el submundo narco porteño donde una pista lleva a la otra. Al comienzo, se trató de una camioneta.

El rastro había comenzado a fines de enero de este año con un llamado de la Policía de la Ciudad a la Fiscalía General porteña. Los policías hablaban de una camioneta Toyota Hilux blanca que se introducía en la Villa 1-11-14 para llevar y traer cocaína, un dato proveniente de un buchón, un hombre de nacionalidad paraguaya que prefería no revelar su identidad por temor a terminar muerto. La fiscal Celsa Ramírez ordenó tareas de inteligencia, vigilancias: la Hilux fue vista una semana después, tras cruzar la esquina de Bonorino y Riestra rumbo a la zona de Los Piletones, poco menos de tres kilómetros. Lo siguieron, con un poco de discreción. La camioneta llegó hasta el barrio La Esperanza en Los Piletones, para luego irse. Entonces, la Policía comenzó a preguntar: esa Hilux llegaba una vez por semana al barrio, o cada quince días, para entregar droga en encuentros furtivos sobre el puente en Lacarra, que había autoridades que sabían y que no hacían nada.

Luego, la pista siguió. Marcaron una casa en la calle Plumerillos en Los Piletones, un punto de entrega. Quien manejaba la Hilux era, básicamente, un mayorista. Y ese mayorista tenía una supuesta clienta, una mujer trans llamada Celeste, oriunda de Perú, que vendía polvo en las inmediaciones de la cabecera de una empresa de colectivos en la calle Pavón, barrio de Constitución.

“Vende merca en un edificio de la avenida Santa Fe”, aseguró el delator, con una dirección precisa, el piso en donde se ubicaba el departamento, a pocos metros de la esquina con Cerrito. Aseguró que le vendía no solo a Celeste sino también a otras mujeres trans de su misma nacionalidad. “La Tumba”, aseguró el delator, también venía de Perú, donde aparentemente tuvo problemas con la autoridad: sus registros en su país natal indican que la Superintendencia de Aduanas ordenó el decomiso administrativo de su parte a mediados de 2016. Había llegado a la Argentina al menos cinco años antes según su fecha de alta en la AFIP. Logró un DNI con un domicilio registrado en un pequeño departamento de la calle Venezuela, otro en un hotelito en Almagro sobre la calle Agrelo que fue allanado varias veces, el mismo domicilio de un hombre cubano que terminó condenado a seis años por narco junto a un curioso brasileño que manejaba seis alias distintos, una causa que data de 2018, juzgada en el Tribunal Oral Federal N°3.

Más vigilancias comenzaron. Celeste fue vista en la esquina que señaló el delator junto a otra clienta de “La Tumba”, llamada Casandra. Los investigadores vieron lo que esperaban ver: taxis, pasamanos, satélites que silbaban por si venía algún policía, todo a metros de un colegio, de una canchita de fútbol, de una iglesia evangélica. La fiscal Ramírez tuvo que insistirle al Juzgado en lo Penal y Contravencional N°25 para que firme la orden de allanamiento, aseguran fuentes en Tribunales.

“La Tumba” claramente no fue la primera. Tiene un predecesor inmediato en el negocio de Constitución, hoy encerrado.

Historia reciente: Ardinson Amaury Aquino Vázquez, alias “Chibolo”.Historia reciente: Ardinson Amaury Aquino Vázquez, alias “Chibolo”.

A fines de , la Dirección de Narcocriminalidad de la Policía de la Ciudad arrestó a Aquino Vázquez en una casa sobre el Boulevard de los Italianos en Avellaneda, en el marco de un operativo ordenado en conjunto por el Juzgado Federal Nº 4 a cargo de Ariel Lijo, el N° 1 a cargo de María Romilda Servini y el Nº 2 bajo Sebastián Ramos; le encontraron, además de 37 balas, una camioneta Toyota y cien mil pesos, 40 kilos de cocaína. La Policía lo buscaba por un honor francamente dudoso: ser el transa de transas, el presunto jefe detrás de buena parte de la venta de cocaína del barrio de Constitución. Su base de operaciones era una peluquería en la calle Venezuela. Sus vendedoras, mujeres trans.

Mientras tanto, “La Tumba” es misteriosa como su alias. Quiénes son sus financistas, sus jefes o sus enemigos naturales, a quién le tributó para operar en el hampa, es otro punto a resolver.