Adorni acorralado: Sus “prestamistas” no lo conocen
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político).El vocero presidencial enfrenta un escándalo patrimonial tras revelarse que las mujeres registradas como sus acreedoras niegan cualquier vínculo con él.
La narrativa de transparencia que el Gobierno de Javier Milei intenta proyectar desde el atril de la Casa Rosada acaba de sufrir un impacto directo en su línea de flotación. Manuel Adorni, el hombre encargado de comunicar la ética de la “nueva política”, se encuentra en el ojo de la tormenta tras la difusión de datos inquietantes en su declaración jurada de bienes. El documento oficial consigna deudas millonarias con particulares, pero el escándalo estalló cuando las supuestas prestamistas rompieron el silencio: “No sabemos quién es este hombre”.
Esas dos personas son dos jubilados: Beatriz Viegas, de 72 años, y Claudia Sbabo, de 64 años. La Nación consultó a ambas si conocían al ex vocero. “¿Usted conoce a Manuel Adorni?”, preguntó un periodista del diario a través del portero eléctrico del edificio donde acredita domicilio Viegas en el barrio de Flores. “No, la verdad que no”, respondió la mujer, quien también negó haberle cedido dinero en forma de hipoteca.
La otra mitad de la hipoteca aparece asignada a Claudia Sbabo, que aparece en registros públicos como empleada de una editorial.
Al llamar al celular de Sbabo respondió una mujer que ante la consulta periodística aseguró que la jubilada no estaba en ese momento y que ella tenía en su poder el teléfono. “¿Sabe si conoce a Manuel Adorni y si alguna vez compró un departamento en la calle Miró al 500?”, le preguntó el periodista. “Yo no lo conozco, la verdad que no sé si ella”, respondió. En segundo término le preguntaron si Sbabo le había cedido dinero en forma de hipoteca a Adorni. “No, ni idea de esas cosas. Disculpe pero tengo que seguir trabajando”, finalizó la conversación.
El misterio de los millones: Deudas con “fantasmas”
Según la presentación ante la Oficina Anticorrupción, el Vocero Presidencial justificó parte de su crecimiento patrimonial a través de préstamos personales de dos mujeres. Sin embargo, en una investigación que deja al descubierto una trama de posibles irregularidades contables, ambas fueron localizadas y su respuesta fue fulminante. No solo negaron haberle entregado sumas de dinero al funcionario, sino que afirmaron no tener relación alguna con su círculo íntimo ni profesional.
Esta contradicción abre un interrogante letal para la credibilidad oficial: ¿De dónde salió realmente el dinero que Adorni intentó “blanquear” bajo nombres ajenos? La sospecha de una maniobra para encubrir fondos de origen no declarado o un crecimiento patrimonial injustificado sobrevuela los pasillos de Balcarce 50, mientras la oposición ya prepara presentaciones judiciales por presunta falsedad ideológica.
Un golpe a la narrativa de la “honestidad”
Falsear una declaración jurada no es un error administrativo menor; es un delito que pone en jaque la permanencia de cualquier funcionario. Para un Gobierno que hizo del ataque a la “casta” y la corrupción su principal bandera, tener a su máximo comunicador enredado en una red de prestamistas fantasma representa un costo político que todavía es difícil de calcular.
¿Error contable o enriquecimiento ilícito?
Desde el entorno de Adorni han intentado bajarle el tono al conflicto, sugiriendo que podría tratarse de una “confusión de nombres” o un fallo en la carga de datos por parte de sus contadores. No obstante, en el ámbito judicial, que dos personas distintas y sin conexión entre sí nieguen conocer al deudor principal echa por tierra la teoría de una simple equivocación de tipeo.
La Justicia bajo presión
Si el funcionario no logra demostrar con documentación bancaria el ingreso de esos fondos y el consentimiento de las partes, la Justicia de 2026 podría iniciar una investigación de oficio por enriquecimiento ilícito. Mientras Adorni continúa predicando el ajuste y la moralidad pública cada mañana, su propio patrimonio ha quedado bajo una lupa que, por ahora, solo devuelve sombras y nombres que nadie reconoce.
