Escándalo y misterio en Palermo: residentas bajo la lupa por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). La investigación por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar (34) en su departamento de Palermo ha dado un giro cinematográfico. Nuevas pruebas complican a dos de sus colegas, ambas residentas, quienes fueron captadas realizando maniobras sospechosas con dispositivos electrónicos de la víctima poco después del hallazgo del cuerpo. Entre el robo de fármacos y las llamadas “fiestas de propofol”, la justicia intenta determinar si hubo un plan para borrar evidencia.
El expediente que tramita la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 6 ha puesto el foco en dos mujeres del entorno cercano de Zalazar. La primera es Chantal “Tati” Leclercq (27), residente del Hospital Rivadavia, quien fue señalada por la propia hermana de la víctima por manipular el iPhone del fallecido en la misma escena del hecho, mientras la policía aún trabajaba en el lugar.
Por otro lado, las cámaras de seguridad del edificio de la calle Juncal al 4600 registraron un movimiento clave: Delfina Lanusse (29), residente del Hospital Italiano, fue captada saliendo del departamento con una tablet en la mano que no tenía al ingresar. El iPad de Zalazar sigue sin aparecer, a pesar de los múltiples allanamientos realizados en domicilios de la Ciudad de Buenos Aires y en el exclusivo barrio cerrado Santa Bárbara, en Benavídez.
La ruta del robo de fármacos y las “fiestas de propofol”
El caso Zalazar no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de una presunta red de sustracción de drogas hospitalarias. Según la denuncia de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), varios profesionales estarían involucrados en el consumo problemático de sustancias como propofol, fentanilo, ketamina y midazolam.
La investigación paralela, que involucra a Lanusse y al médico de planta Hernán Boveri (45), sugiere que los fármacos eran robados del Hospital Italiano para ser utilizados en reuniones privadas. En estas “fiestas”, los asistentes se administraban anestésicos de forma recreativa, una práctica extremadamente peligrosa que habría sido la causa del paro cardiorrespiratorio que terminó con la vida de Zalazar, quien fue hallado con una vía conectada a su pie derecho.
Avances en la causa judicial y pericias tecnológicas
El fiscal Eduardo Cubría y el juez Santiago Bignone ordenaron el secuestro de los dispositivos electrónicos de las residentas para determinar si existió una coordinación para ocultar pruebas del consumo o del origen de las drogas. Las pericias tecnológicas sobre los teléfonos de Leclercq y Lanusse serán determinantes para saber:
- Si hubo comunicaciones previas coordinando el uso de fármacos.
- Si se borraron mensajes o archivos tras la muerte de Zalazar.
- Cuál fue el destino final de la tablet sustraída del departamento.
Mientras la comunidad médica permanece conmocionada, la carátula de la causa continúa como “averiguación causales de muerte”, aunque la sombra del hurto y la administración fraudulenta de estupefacientes hospitalarios parece cada vez más difícil de disipar.
